Mauricio Macri ordenó a sus diputados frenar cualquier diálogo con el oficialismo en el Congreso y exigió un “acuerdo público” con La Libertad Avanza para las elecciones de 2025. La jugada se da en medio del debate sobre una ley que busca limitar los DNU y evitar que el presidente gobierne por decreto, lo cual genera tensiones con el gobierno de Javier Milei y plantea un escenario de alta confrontación en el Parlamento
El ex presidente instruyó a sus diputados para que pongan en pausa cualquier tipo de diálogo con el oficialismo en el Congreso. Esta medida responde a la sesión promovida por los legisladores de las bancadas de Miguel Pichetto y Facundo Manes, quienes buscan tratar un proyecto de ley que permitiría rechazar los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) con el voto positivo de solo una de las cámaras. Este proyecto plantea una modificación a una ley impulsada en su momento por Cristina Kirchner, que complicó el procedimiento de rechazo a esa potestad presidencial.
Miembros del PRO señalaron que este jueves cobraba fuerza la posibilidad de que la bancada liderada por Cristian Ritondo opte por la abstención en la votación de esta iniciativa, la cual podría reducir las posibilidades de que Javier Milei gobierne a través de decretos. «Nos opusimos en su momento a la ley de Cristina Kirchner, tenemos argumentos políticos para no respaldarla esta vez», comentó un diputado cercano a Macri.
Esta postura genera preocupación en la Casa Rosada, que espera ansiosa la finalización del período de sesiones ordinarias sin más contratiempos. Desde que comenzó a debatirse la propuesta, Santiago Caputo se ha concentrado en asegurar el apoyo de los 87 legisladores que defienden el veto presidencial, incluso en situaciones controversiales como la que afectó a los jubilados.
La ironía reside en que el mejor recurso del oficialismo para bloquear la oposición es el tiempo, una situación que Macri intenta aprovechar. Según su círculo cercano, el exmandatario ha indicado a sus diputados que dejen pasar los días estratégicamente para reducir el margen de acción de la oposición en torno al veto.
La explicación es que, aunque los plazos permitan que el Senado sancione antes de que termine el año lo que se apruebe en Diputados la próxima semana, Milei podría recurrir al veto a principios de diciembre. De esta forma, la discusión sobre la insistencia con la ley quedaría para 2025, un año electoral, cuando el Congreso no suele ser especialmente productivo.
Un integrante de la bancada del PRO detalló que Macri exige un compromiso de la Casa Rosada para un «acuerdo público» entre su partido y La Libertad Avanza (LLA) de cara a las elecciones del próximo año, antes de seguir invirtiendo capital político en apoyar al Gobierno. Según el ex presidente, este acuerdo debería cerrarse durante el verano, con la advertencia de que el oficialismo perdería el respaldo de la bancada amarilla si los libertarios no aceptan las condiciones.
«Si seguimos apoyando como hasta ahora, no valemos nada, pero de esta forma, estamos avisando que el Congreso puede ser un calvario para Milei sin decretos y sin nosotros», afirmaron en un comunicado del PRO.
La tensión entre Macri y los libertarios se intensifica mientras el gobierno se enfrenta a una creciente euforia por los indicadores económicos. En el entorno del presidente, se fortalecen las voces que creen que el oficialismo podría prescindir del PRO. «El problema es la soberbia, porque saben que les conviene arreglar con nosotros», aseguran los macristas.
En los pasillos del Congreso, los macristas reconocen que la negociación podría concluir con éxito, pero advierten que, si los acuerdos no se cumplen o la oferta de Balcarce 50 para las listas no es aceptada, «habrá guerra». «Nosotros somos muy hijos de puta, y el gobierno haría bien en evitar que les recordemos cuán hijos de puta somos», comentaron.
La estrategia de Macri de endurecer su postura frente al gobierno y exigir un acuerdo formal con los libertarios refleja una creciente fractura dentro de la oposición, que amenaza con complicar aún más la gestión de Milei en un año electoral. Mientras tanto, el oficialismo se ve atrapado entre la necesidad de avanzar en su agenda y la presión de un Congreso cada vez más polarizado. Lo que está en juego es no solo la capacidad de gobernar por decreto, sino también el equilibrio político que definirá el futuro inmediato de la relación entre el PRO y el gobierno de La Libertad Avanza.
