Sívori ya echó a decenas de militares K del organismo e inició una auditoría sobre sus gastos. El jefe de Gabinete, Nicolás Posse, influyó en los nombramientos, tal como pasó con las FF.AA.
El Gobierno nombró cinco militares retirados debajo del interventor civil de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Silvestre Sivori (39 años), luego de echar a cientos de contratados vinculados con La Cámpora.
Uno de esos militares trabajó bajo la conducción del general (RE) César Milani, pero en el organismo afirman que “no tiene ningún vínculo político” con el ex jefe del Ejército de Cristina Kirchner.
Se trata de tres coroneles, un brigadier y un almirante con experiencia en inteligencia militar.
En gobiernos anteriores hubo, también, militares en cargos de la AFI pero nunca tantos. Los retirados ocupan los cargos de Planificación, Base 85, Contrainteligencia y Doctrina, entre otros.
Además, desde la jefatura de Gabinete nombraron a un vicecomodoro retirado en la Director Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DINIEM) del ministro de Defensa, Luis Petri. La DINIEM tiene bajo su jurisdicción la inteligencia del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
Solo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, nombró a un civil –el experto Ricardo Ferrer Picado- como director de Inteligencia Criminal (DINIC). Este controla, a su vez, las direcciones de inteligencia criminal de la Policía Federal, la Gendarmería, la Prefectura, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y el Servicio Penitenciario Federal.
Por las leyes de Defensa, Seguridad Interior e Inteligencia los organismos de espionaje de las FF.AA. no pueden hacer inteligencia interior, solo inteligencia sobre amenazas externas al país. El temible Batallón 601 de Inteligencia del Ejército fue el que orientó la represión ilegal durante la dictadura. Y la inteligencia criminal de las fuerzas policiales solo ayudar a combatir a los delincuentes comunes.
Entonces, la inteligencia de la AFI se dirige al terrorismo internacional y el crimen organizado está en manos de la AFI, aunque muchos gobiernos la usaron para hacer espionaje sobre la oposición y el periodismo. Amén, de fuente de financiamiento ilegal de las campaña políticas.
