La chaqueña se peleó mediáticamente con casi todos los integrantes del Acuerdo Cívico y Social en los últimos días. Para colmo, se mostró con la neoderecha en La Rural, aceptando la agenda de los sectores del Agro y el Grupo Clarín. Entre los problemas de Macri y las disputas de los panradicales, Kirchner festeja.
Por César Morielli
Hay dos cosas que favorecen la estrategia política de Néstor Kirchner en estos días. Por un lado el revés político que sufre el jefe de gobierno Mauricio Macri con la causa de las escuchas ilegales y la embestida desde la Legislatura porteña. Y por el otro, las grietas que se abren en el Acuerdo Cívico y Social cada vez que Elisa Carrió hace alguna declaración pública.
Ver la imagen de Carrió en La Rural, defendiendo los intereses de un sector conservador por excelencia y con objetivos económicos personalistas, fue un mazazo para su figura política. Compartir una mesa de debate con Pinedo, Solá, Morales, el impresentable diputado nacional de Salta Alfredo Olmedo, Rodríguez Saá, y otros exponentes de la neo derecha nacional, todo moderado por Joaquín Morales Solá, no le hace bien al Acuerdo Cívico y Social. La chaqueña se acercó al predio de Palermo en su afán de buscar micrófonos para pegarle a Kirchner. También estuvieron Patricia Bullrich y Margarita Stolbizer. Ningún dirigente del progresismo aceptó ese convite.
Luego del triunfo de Alfonsín en la interna radical, la figura del diputado nacional cobró relevancia y pasó a estar al tope de los mejor rankeados dentro del ACyS. Celosa desde siempre, parece que a Carrió no le cayó bien el crecimiento de “Ricardito”, a pesar de que siempre se expresó en favor de afianzar el espacio que aglutina a socialistas y radicales. Y en cuanto pudo, la chaqueña soltó la lengua.
Alfonsín compartió un acto con la presidenta Cristina Fernández en Chascomús, lugar del que es oriundo. “Falta que yo me saque una foto con el gordo Valor”, dijo Carrió. Hasta Cobos defendió el gesto institucional del diputado. Stolbizer y Binner, también socios en el ACyS, mostraron las uñas y dejaron ver públicamente que la cosa se puede encaminar hacia un “desacuerdo”. Algo que vendría a pedir de boca de Kirchner.
El santafesino dijo que “Lilita” es complicada, algo que ella admitió irónicamente. Y Stolbizer fue directa: “Cada vez que Carrió abre la boca es para dividir y debilitar el Acuerdo Cívico y Social”. Ahí es donde la chaqueña recordó que no quiere que se repita la experiencia de la Alianza. Casi una advertencia sobre sus intenciones de romper antes que construir algo que no podría tener futuro.
En una semana repleta de cruces, Carrió adelantó su estrategia: "No vamos a dejar que nos esmerilen, que nos desgasten. Vamos a contestar todo lo que nos digan". Todo esto hace sonreír a Kirchner. La centro derecha manchada con la causa de las escuchas que ponen en jaque a Macri, y lo que algunos consideran un sector del progresismo en el ACyS que brinda constantes muestras de no tener una unión firme.
Decir que Carrió está cómoda en su rol de denunciante es obvio, esto la pone a contramano de las intenciones de poder que muestra el panradicalismo con Alfonsín a la cabeza. Además la chaqueña no termina de acomodarse en un marco multipartidario donde no es la líder a la que nadie retruca. Su lengua filosa puede jugarle esta vez una mala pasada a este sector opositor.
