La fiebre de Taylor Swift está en la Argentina. Y eso no solo genera una gran revolución en nuestro país, sino, sobre todas las cosas, un flujo de dinero más que importante.
La fiebre de Taylor Swift está en la Argentina. Y eso no solo genera una gran revolución en nuestro país, sino, sobre todas las cosas, un flujo de dinero más que importante.
Toda una economía por si misma: aviones llenos con chicas que vienen de otros países de Latinoamérica y de las provincias para verla, micros repletos circulan por las rutas argentinas hacia la Capital, que ya tiene los hoteles al tope prácticamente, cuentas para pulseras que tienen un nombre específico, colas con carpas por semanas y hasta meses, merchandising por doquier, desde remeras, buzos y gorras.
Un gasto elemental para todo swiftie, que son los fanáticos de Taylor, son las pulseras con cuentas de colores y de letras, llamadas friendship bracelets (brazaletes de la amistad), que se arman con tanza.
La zona de once es el lugar donde más se comercializa ese elemento infaltable para swiftie. “Los negocios nos stockeamos fuerte para el recital de Taylor Swift. Hubo algunos que se quedaron sin la mercadería, pero yo compré mucho para tener y, por suerte, todavía tengo. Lo que más compran las chicas son las letritas”, cuenta a un comerciante de la calle Uriburu y Sarmiento.
Para ponerlo en números, una bolsita de cuentas de letras cuesta hasta entre $2.000 en un mayorista (las 200) hasta unos $4.000 en locales minoristas. En tanto que se venden por medio kilo a unos $10.000 y las de colores parten de los $1.500 las 200 y llegan hasta más de $3.000. A eso, hay que sumarle los rollos de hilo transparente plástico (la tanza), que cuestan alrededor de $1.000 cada uno de cinco metros.
Además, El merchandising también es muy abundante y es un gasto esencial para un verdadero seguidor. Se consiguen remeras de Taylor Swift en los vendedores o manteros de la Avenida Corrientes desde los $5.000 y en los alrededores del estadio de River Plate los precios son mucho más altos. Hay quienes pagan más de $30.000 por remeras de su ídola y los buzos superan los $65.000 en algunos lugares de la Ciudad de Buenos Aires.
No obstante, hubo un gasto previo que fue el más caro: las entradas: pagaron desde $20.000 (platea con visión restringida) hasta los $90.000 (platea preferencial) y algunos accesos VIP a campo y platea (que permitían entrada anticipada al estadio) costaban hasta $150.000 cuando se pusieron a la venta en mayo de este año. Hoy la reventa en el mercado ilegal va desde los $250.000 hasta los $750.000 y se ofrecen a través de redes sociales principalmente.
Pero ahí no termina el impacto económico del efecto Taylor Swift. Fuentes cercanas a la Cámara Argentina de Turismo (CAT) informaron a Ámbito que “el sector ve un impacto fuerte” de la fiebre swiftie. Y es que las compañías aéreas están teniendo un fuerte impulso por estos días, gracias a los vuelos que van hacia Buenos Aires desde distintos puntos. Si pudieran aterrizarían directamente en el estado de River Plate, porque es allí donde va gran parte de sus pasajeras, las swifties.
La cantante despierta pasiones en todo el mundo y en todo el territorio nacional es furor. Por eso, viajan sus seguidoras a la Ciudad de Buenos Aires, por el espacio aéreo o por micro para verla. A eso, hay que sumarle la estadía en un hotel o el costo de acampar, que es todo un ritual.
Y nada de eso es barato, por ejemplo, para una fan mendocina, el pasaje costó alrededor de $30.000 de ida y lo mismo para la vuelta. Las swifties salteñas, en tanto, pagaron unos $100.0000 por sus pasajes hacia y desde la ciudad porteña. En tanto, para alguna que venga de algún lugar de la Provincia de Buenos Aires, pueden gastar alrededor de $30.000 entre ida y vuelta, dependiendo del punto de partida.
Para las que vinieron de más lejos, como Tierra del Fuego, los vuelos cuestan hasta $160.00 ida y vuelta. Venir desde Misiones, por poner otro ejemplo, les insumió unos $200.000 a las seguidoras de la Mesopotamia. Y es que Taylor es amada por chicas de todo el país y también chicos, no es un fenómeno exclusivamente femenino. De hecho, su discurso es de integración, sin etiquetas de género ni apariencias. Sus canciones llaman a ser uno mismo.
