Los Juicios contra los Genocidas de la dictadura, y particularmente la sentencia a perpetua para el represor Etchecolatz reavivaron el enojo de las bestias de uniforme. Intimidaciones, amenazas, desaparición. Táctica del miedo, estrategia cobarde.
¿ LOBO ESTÁ ?
Por Mara Fernández Brozzi
La reapertura de los Juicios contra los Genocidas y la sentencia a cadena perpetua para el represor Etchecolatz, reavivaron el enojo de las bestias de uniforme. Intimidaciones, amenazas, desaparición. Su táctica del miedo, su estrategia cobarde.
La desaparición de Julio López ha causado conmoción en toda la sociedad argentina, el pensar en que podría ser éste un secuestro perpetrado por la mano de obra militar y policial es para alarmarse, pero no para verse paralizados por el miedo que podrían estar queriendo sembrar. Esta metodología, de comprobarse que se trató de un accionar tan horroroso como éste, no es lamentablemente, algo nuevo en ellos. Han llevado adelante estas formas por años, en todas las dictaduras que los han tenido como actores, cierto es que han ido creciendo en la bestialidad y la forma de tormentos, a lo largo del tiempo. Han tenido escuelas que los han preparado para graduarse en expertos asesinos, como ser la Escuela de las Américas, de la que han salido la mayoría de los represores y genocidas de América Latina y los programas impuestos en esta parte del mundo en la década del 70.
No hay que hilar muy fino para argumentar que la decisión tomada por los Jueces sobre la condena a perpetua para el genocida Etchecolatz ha despertado el enojo en las fuerzas armadas, y de la derecha en general. Y el pensar que esta medida es sólo el comienzo de una serie de sentencias iguales que, ojalá, terminen por alcanzar a todos los responsables del horror, puede ser uno de los motivos por los que están intentando enviar mensajes mafiosos a todos aquellos que insisten en el juicio y el castigo.
Los sucesos intimidatorios no son nuevos, han estado presentes durante todo el proceso judicial. Ni bien iniciado han empezado las amenazas.
La desaparición del albañil López no fue el primer mensaje enviado. Nilda Eloy, ex detenida desaparecida, sobreviviente del Campo de Exterminio conocido como “El Infierno”, entre otros, ha recibido amenazas que constaron de dejarle grabado en su contestador telefónico una sesión de torturas. Otros integrantes de organizaciones de Derechos Humanos se han encontrado con mensajes, también en sus teléfonos, de la conversación que horas antes habían tenido en una reunión de la que habían participado.
Chicha Mariani, querellante en la causa y titular de la Asociación Anahí, también ha sido víctima de reiteradas amenazas. Fiscales que han sido intimidados por ser parte en las causas que lleva adelante el enjuiciamiento de los asesinos de la dictadura.
HACKEARON LA WEB DE ABUELAS
En estos últimos días las Abuelas de Plaza de Mayo han sido víctimas del hackeo de su página web, quitándoles toda la información que en ella se encontraba, esto ocurrió unos días más tarde de conocerse la decisión del tribunal sobre el represor Etchecolatz. Este tipo de hechos, si bien pueden ser considerados como aislados, no es para no prestarles atención, sin caer en lo que aparentemente pretenden que caigamos como sociedad, que es en el silencio nuevamente. Son previsibles en su accionar, y todo pareciera concordar en que se trata de una metodología muy utilizada por la derecha, uniformada y de la otra. Su política del miedo es la que los ha movido durante siglos, es la manera que siempre han hallado para hacer construir su poder y dominio.
Escuchas telefónicas, celulares intervenidos, agendas con los números de militantes de Derechos Humanos. Cabe pensar, que por más aislados que puedan ser estos hechos, no pueden ser realizados por simples activistas de la derecha, sino por personal que posee los medios como para hacerlo; personal organizado y activo.
Tanto el Gobierno Nacional como el Provincial asumieron la responsabilidad que les toca respecto a la desaparición de López, que por cierto es muy grande, ya que estaríamos hablando de otro “desaparecido” de la democracia. Y si estos grupos continúan manejándose con este grado de impunidad, es responsabilidad del gobierno que dejen de hacerlo. En este sentido, integrantes de Derechos Humanos, en la reunión que mantuvieron con el Gobernador Solá, le exigieron que pase a disponibilidad a todos los miembros de la Policía de Punta Lara y a quienes “se hubieran desempeñado en comisarías, destacamentos o brigadas que funcionaron como Campos de Concentración Clandestinos” durantes la dictadura.
Finalmente, Solá llevó adelante esa solicitud. Si estos hechos continúan teniendo vía libre para su accionar es porque no hay quien ponga un verdadero freno, y es hora ya de quitarles sin miramientos las libertades de las que vienen gozando desde hace muchísimo tiempo. No estamos hablando sólo de los militares y policías que ya no están en actividad, sino de los que en el presente desempeñan funciones y que en los años más sangrientos de la Argentina también lo hacían. “La culpa no es sólo del chancho…sino del que le da de comer”. Pues bien, que aquellos que le siguen llenando el plato se lo vacíen de una buena vez.
Mañana se leerá la sentencia para el Genocida Etchecolatz, lo grandioso sería que Julio López, una de sus tantas víctimas, pueda estar sentado escuchando en directo la lectura de la justicia que tardó 23 años en llegar, pero que por fin se asomó.
La sociedad seguirá exigiendo la ¡Aparición con Vida Ya de López!, el miércoles se marchará en su nombre. Como sociedad debemos asumir la parte de responsabilidad que también nos cabe, no dejándonos atemorizar por estos hechos cobardes que pretenden sembrar el miedo para callarnos nuevamente la boca, saliendo a las calles para continuar con los reclamos de Juicio y Castigo, gritándoles en sus propias caras las verdades de las barbaridades que le han hecho a 30.000 compañeros detenidos desaparecidos y a la sociedad en su conjunto. No hay mejor acción que la participación, pacíficamente, asumiendo el compromiso ciudadano y humano, por sobre todas las cosas, para que el ¡NUNCA MAS! no sea sólo una consigna y un deseo colectivo, sino una verdad mantenida y permanente.
