El Presidente vinculó la caída de la natalidad con la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Sin embargo, las estadísticas públicas desmintieron su relato. La baja de nacimientos comenzó años antes de la sanción de la ley y especialistas señalaron factores sociales, económicos y culturales detrás del fenómeno.
Javier Milei eligió otra vez el camino de la provocación y la desinformación para atacar el derecho al aborto. Durante una entrevista en el canal de streaming Carajo, el Presidente aseguró que la Argentina “hizo un desastre” con la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y atribuyó a esa norma la caída de la natalidad. Sin embargo, los números oficiales derribaron su argumento.
“En temas de aborto la sociedad argentina hizo un desastre. Para que vos tengas semejante caída en la tasa de reproducción vos hiciste un desastre”, lanzó el mandatario en diálogo con Daniel Parisini, conocido como el “Gordo Dan”.
La frase quedó rápidamente expuesta por una cuestión elemental: la caída de los nacimientos empezó mucho antes de la sanción de la Ley 27.610. Los registros del Ministerio de Salud mostraron que la tasa de natalidad descendió desde 2014, mientras que el aborto legal recién entró en vigencia a fines de 2020.
Los datos oficiales indicaron además que entre 2014 y 2020 la reducción de nacimientos resultó incluso más pronunciada que en los años posteriores a la aprobación de la ley. La evidencia estadística, por lo tanto, no respaldó ninguna relación directa entre ambos fenómenos.
La afirmación de Milei tampoco encontró sustento en el contexto internacional. Informes del Banco Mundial señalaron que la caída de la natalidad se extendió a escala global desde hace años. América Latina tampoco escapó a esa tendencia. Países con legislaciones muy distintas sobre aborto registraron descensos similares en la cantidad de nacimientos.
Chile, por ejemplo, mantuvo enormes restricciones para acceder a la interrupción del embarazo y aun así sufrió una fuerte baja en la natalidad. Costa Rica atravesó un escenario parecido. Uruguay legalizó el aborto en 2012 y Argentina recién en 2020. Todos esos países compartieron la misma tendencia demográfica.
Especialistas en población y género rechazaron las conclusiones del Presidente y explicaron que el fenómeno respondió a múltiples causas. Entre ellas mencionaron el acceso a métodos anticonceptivos, los cambios culturales, el crecimiento educativo de las mujeres y las transformaciones laborales y familiares.
María de las Nieves Puglia, directora de Género de Fundar, sostuvo que “el derrumbe de la natalidad sucede a partir de 2014 y la IVE se aprueba a fines de 2020”. También remarcó que el ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral y la ampliación de derechos sexuales y reproductivos modificaron las decisiones sobre maternidad.
Incluso voces críticas de la ley reconocieron que la baja de la natalidad no respondió únicamente al aborto. Dolores Dimier, docente de la Universidad Austral, definió el escenario como “un fenómeno multicausal”.
Pero Milei no se limitó a instalar una asociación falsa entre aborto y natalidad. Durante la misma entrevista también repitió otra mentira habitual de los sectores antiderechos: afirmó que la ley permite abortar en cualquier momento del embarazo.
Eso tampoco resultó cierto.
La Ley 27.610 habilitó la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 inclusive. Después de ese plazo, la práctica sólo quedó permitida en casos de violación o riesgo para la vida o la salud de la madre.
El Presidente además calificó de “asesinos” y “genocidas” a quienes defendieron el aborto legal. Las declaraciones volvieron a encender la polémica alrededor de un Gobierno que construyó gran parte de su discurso público sobre supuestas batallas contra las “fake news”, pero que otra vez quedó envuelto en acusaciones de difundir información falsa.
Los datos sobre abortos legales también chocaron contra el relato oficial. Distintos relevamientos señalaron que antes de la legalización miles de interrupciones del embarazo ocurrían en la clandestinidad. Un estudio encargado años atrás por el Ministerio de Salud estimó cerca de 450 mil abortos clandestinos anuales antes de la sanción de la ley.
Por ese motivo, el incremento de prácticas registradas desde 2021 no implicó necesariamente un aumento de abortos, sino que reflejó la incorporación de procedimientos que antes permanecían fuera del sistema formal.
Lo que sí mostraron las estadísticas oficiales fue una caída significativa de la mortalidad materna vinculada a abortos clandestinos después de la legalización. Ese dato sí contó con respaldo concreto. El discurso de Milei, en cambio, volvió a quedar atrapado entre afirmaciones sin evidencia y ataques ideológicos contra derechos conquistados.
