Sin proyectos productivos en marcha, el endeudamiento refleja una economía que busca sostenerse hasta 2025.
El endeudamiento privado de las empresas argentinas alcanzó un récord histórico en octubre, con emisiones de obligaciones negociables por 2.582 millones de dólares. Este monto supera en un 30% el máximo anterior de 2017 y refleja un modelo económico caracterizado por un atraso cambiario que afecta la competitividad frente a los países vecinos.
Las cifras son contundentes: en lo que va del año, las emisiones totalizan 7.630 millones de dólares, más que los registros completos de 2016 y 2017. El destino de estos fondos, sin embargo, no está ligado a inversiones productivas ni expansión empresarial. Según expertos, la estrategia predominante es sostener la actividad económica mientras se espera un contexto más favorable en 2025.
Impacto en la economía real
Los dólares captados por las empresas son utilizados en parte para sostener las reservas del Banco Central, que en octubre cerró con un saldo positivo de 1.530 millones de dólares. No obstante, gran parte de estos ingresos se destina a financiar el turismo emisivo y la importación de bienes de consumo, compitiendo con la producción nacional y generando una inflación en dólares que encarece los costos internos y externos.
El economista Federico Glodowsky advirtió que el principal problema no es el endeudamiento en sí, sino el destino de los fondos y la capacidad de repago: “Cuando se interrumpa el flujo de divisas, la estabilidad macroeconómica también podría colapsar”.
Ecos de un modelo insostenible
El endeudamiento actual evoca el modelo económico de 2016-2017, cuando las empresas se financiaron en dólares bajo condiciones similares. Sin embargo, el desplome del mercado en 2018, junto con la crisis cambiaria, demostró las vulnerabilidades de este esquema.
Hoy, la recesión, la inflación acumulada de 107% en 2024, y un mercado interno en contracción refuerzan la dependencia de un modelo de endeudamiento que genera ganancias a corto plazo, pero carece de sustentabilidad a largo plazo.
Mientras tanto, indicadores como el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestran que 11 sectores económicos están en retroceso. La reciente suba en las importaciones, liderada por bienes de consumo y vehículos, pone de manifiesto que cualquier leve recuperación no beneficia a la producción nacional.
El récord de endeudamiento empresarial en octubre no representa un signo de recuperación, sino un reflejo de la fragilidad del modelo actual. Sin proyectos productivos a la vista y con un destino incierto para las divisas obtenidas, el desafío será encontrar un equilibrio entre la necesidad de financiamiento y la sustentabilidad económica de largo plazo.

