Mientras mantienen una tregua política interna, Karina Milei y Santiago Caputo controlan estructuras clave del Estado con cajas multimillonarias. En lo que va del año, sus áreas recibieron incrementos muy por encima de la media del gasto público.
Karina Milei y Santiago Caputo integran el círculo más cercano del presidente Javier Milei. Aunque arrastran diferencias políticas, ambos se mantienen al margen de las áreas que administra el otro. Esa división de poder, respaldada por el propio jefe de Estado, les permitió controlar estructuras estatales con presupuestos muy por encima del promedio del resto de la administración pública.
La Secretaría General de la Presidencia quedó en manos de Karina Milei, quien transformó ese despacho en su principal base de poder. Según datos del Ministerio de Economía, el presupuesto asignado a esa dependencia subió un 46,3% en el primer semestre y alcanzó los $72.463 millones. El incremento superó ampliamente la inflación acumulada en ese mismo período, que fue del 15,1% según el Indec. La estructura, que cuenta con unos 800 empleados, opera bajo el paraguas de decretos de necesidad y urgencia.
Santiago Caputo no se quedó atrás. A través de su entorno, consolidó el control de distintas áreas clave, entre ellas la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), conducida por Sergio Neiffert. Esa dependencia recibió un aumento del 67,6% en su presupuesto durante la primera mitad del año, hasta totalizar $80.872 millones. El rubro más llamativo fue el de los gastos reservados, que treparon un 254% en seis meses: pasaron de $3794 millones en enero a $13.436 millones en julio, según cifras oficiales.
Un informe reciente de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP) ubicó a la Secretaría General de la Presidencia y a la SIDE entre las dependencias con mayor expansión presupuestaria en lo que va del año, solo por detrás del Ministerio de Capital Humano. El promedio de incremento del gasto público fue del 33,2%.
Caputo, además, amplió su influencia en otras áreas sensibles. En YPF logró ubicar a Guillermo Garat, un exsocio suyo, al frente de la comunicación institucional. De acuerdo con la ONG Chequeado, esa área destinó $32.617 millones a publicidad durante el primer trimestre. Los datos figuran en los estados contables de la petrolera, ya que la empresa no respondió los pedidos de informes presentados por la organización ni por la oposición legislativa. La cifra representa un aumento del 55,2% en términos reales respecto al mismo período del año anterior.
En Salud, Caputo designó a Mario Lugones como interlocutor político. Ese ministerio administra el tercer presupuesto más alto del Estado, con $6,7 billones asignados. En Justicia, el control quedó en manos de Sebastián Amerio. Aunque con una caja menor –de $206,4 millones–, ese ministerio tiene peso político por su vínculo con el Poder Judicial.
Caputo también intervino en el área de empresas públicas. Apoyó a Diego Chaher para supervisar su funcionamiento y avanzar en el plan de privatizaciones. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, este año esas empresas reciben transferencias por $4,2 billones. En paralelo, colocó a Andrés Vázquez al frente del organismo recaudador ARCA, que maneja una caja de $3 billones gracias a un porcentaje de la recaudación tributaria y aduanera.
Otra estructura bajo su órbita es Educ.ar, una sociedad del Estado que en los últimos meses llamó la atención por una compra directa para renovar licencias tecnológicas por más de US$60 millones. En esa operación participó una firma vinculada a Leonardo Scatturice, empresario cercano al expresidente Donald Trump. La conducción de Educ.ar quedó en manos de Gastón Martín, quien administra un presupuesto de $90.824 millones, el doble que el año anterior. La firma opera fuera de los controles habituales de la SIGEN.
Mientras los números oficiales reflejan recortes en distintos sectores del Estado, las áreas bajo la órbita de Karina Milei y Santiago Caputo siguen expandiendo sus recursos y consolidando su poder.
