Javier Milei aprovecha la crisis en el peronismo y los escándalos de Alberto Fernández para consolidar su estrategia. Mientras la oposición enfrenta crisis internas y el PRO aún se reorganiza, Milei mantiene un ritmo pausado en sus reformas, enfatizando la estabilidad macroeconómica y utilizando la debilidad de sus adversarios para sostener su capital político.
Esta semana, Javier Milei volvió a presentarse en público. Esta vez, las redes sociales no fueron su único medio de comunicación, ya que también se mostró en foros empresariales. Participó en el Council of the Americas el miércoles y en la Expo Real Estate al día siguiente, donde los auditorios se mostraron expectantes, aunque las medidas aún deberán esperar.
Aunque los empresarios valoran “el rumbo” que ha tomado, ahora esperan que La Libertad Avanza acelere las decisiones. No obstante, Milei ha decidido disminuir la velocidad. En un enfoque más pragmático, el Presidente evalúa la situación política: con una oposición casi inactiva, prefiere tomar su tiempo y consolidar los pocos logros de su gestión. Mientras los empresarios y el sector productivo aguardan el fin del cepo cambiario, la eliminación del Impuesto País y una devaluación, Milei ha salido al terreno a imponer su ritmo: nada será inmediato. Retrasa la concreción de sus promesas, vinculándolas a resultados inciertos, y aprovecha el “efecto Alberto” en el ámbito político.
Con mensajes similares, Javier Milei dejó claro que no está dispuesto a comprometer el orden macroeconómico. En otras palabras, su plan consiste en reducir la oferta de pesos y enfocarse en la disminución de la inflación como pilar de su gobierno, aunque esto implique mantener el consumo y la producción en niveles bajos, lo que a su vez podría aumentar el desempleo y la pobreza. En el gobierno, son conscientes de que lo único que sostiene a Milei frente a su electorado, aparte de su carisma, son las cifras mensuales del INDEC. Hasta ahora, esos números han sido favorables.
Dos economistas consultados, cercanos al entorno libertario y con experiencia en la gestión pública, coincidieron en que el gobierno no desea ceder ante la presión de devaluar el peso, a pesar de la continua caída de las reservas.
El escenario más probable que describen es de recesión y una desaceleración económica, que sería la única manera de mantener la principal -y quizás única- insignia que exhibe Milei: la reducción de la inflación. “Argentina ya es un país costoso para producir, y lo será aún más”, afirmó el otro economista, señalando que el atraso cambiario ya está afectando negativamente la cuenta de servicios y el turismo. Cada vez llegan menos turistas extranjeros y más argentinos viajan al exterior. Además, un aumento del consumo incrementaría la demanda de productos importados, y destinar más dólares para pagar importaciones no parece estar en los planes.
Ambos economistas también discrepan en la idea de que cerrar la emisión de pesos mantendrá inalterado el tipo de cambio. “Incluso desde una perspectiva monetarista, Milei ignora un aspecto crucial de la ecuación: la oferta de dólares, que no solo no aumenta, sino que está disminuyendo”, señaló uno de los economistas, añadiendo que los libertarios tendrán que confiar en el éxito del blanqueo, ya que el RIGI no tendrá efectos inmediatos. El otro economista, además, cuestionó si realmente se ha cerrado la emisión, dado que existen títulos públicos del Banco Central que requerirán un flujo constante de dinero. “De todas formas, es una emisión saludable”, argumentó.
En resumen, cada publicación del IPC se convierte en una prueba para el capital político de Milei. Por eso, en su visión, es preferible mantener una actividad económica estancada, con las consiguientes repercusiones en el empleo -un tema que cada vez preocupa más a los argentinos-, antes que tomar medidas que podrían desencadenar un aumento en los precios.
El escenario político actual ofrece a Javier Milei un terreno favorable para implementar su plan, en gran parte debido a las debilidades de sus adversarios. Aunque el libertario muestra habilidades para aprovechar esta situación, el contexto se le facilita principalmente por los errores de otros. “Comunicacionalmente nos genera un alivio”, comentó un alto funcionario de la Casa Rosada, refiriéndose a la cadena de escándalos que rodean a Alberto Fernández y que, por efecto dominó, afectan a todo el peronismo. No obstante, en el gobierno reconocen que los efectos del Olivos Gate podrían ser efímeros en la dinámica política. “Macri tuvo los bolsos de López a los seis meses de gestión, y en 2019 perdió en primera vuelta”, relativizaban. La estrategia es disparar contra todo el PJ, responsabilizándolo de los errores de Alberto, pero sin excederse.
Por ahora, La Libertad Avanza se mueve en un panorama en llamas. El peronismo está desautorizado para levantar la voz, el radicalismo atrapado en sus propios conflictos, y el PRO dividido por luchas internas. Todos los sectores opositores atraviesan una crisis de identidad y replantean sus símbolos y liderazgos.
En el horizonte se perfila el 2025, y con él, la posibilidad de una alianza entre LLA y el PRO, que podría gestarse más desde las bases que desde la cúpula, especialmente si Mauricio Macri decide mantener la independencia de su partido. Macri, por su parte, sigue maniobrando con paciencia, a través de movimientos estratégicos desde la Fundación Pensar, como la cumbre en Entre Ríos que se celebrará en dos semanas. Si la situación social empeora, quizás la influencia no recaiga en Karina, a quien los miembros del PRO hoy se acercan sin pedir permiso. Aún es demasiado pronto para pensar en listas electorales.
Por supuesto, los escándalos y presuntos delitos de Alberto Fernández también permiten a Milei gestionar la crisis interna de La Libertad Avanza. La disputa con Victoria Villarruel sumó un nuevo capítulo, luego de que la vicepresidenta fuera desairada al no ser invitada a un acto de las Fuerzas Armadas, un espacio tradicionalmente afín. Mientras tanto, los diputados libertarios se ven reducidos al simple acto de votar sin cuestionar (“que no opinen, que obedezcan”, se comenta en la Casa Rosada), pero aun así, están peleados entre sí. Además, hay fricciones entre miembros del gabinete, nuevas renuncias y rumores de más cambios. Este es el complicado panorama de la administración libertaria.
La prolongación de los escándalos de Alberto Fernández se convierte, así, en una herramienta para Milei. Por contraste, refuerza su estrategia pragmática y ayuda a contener los conflictos internos dentro de La Libertad Avanza. Sólo el tiempo dirá hasta cuándo esta carta le servirá a los libertarios.
