Los acuerdos alcanzados en la Legislatura por el jefe comunal de Lanús, fueron dinamitados por Macri y el ala dura.
Nadie puede sacarse ventajas en la feroz interna que atraviesa el PRO y que tiene a los radicales como intrigantes espectadores en la provincia de Buenos Aires porque los intendentes que responden al partido creado por Mauricio Macri no encuentran un reemplazante a Néstor Grindetti en su rol de negociador directo de sus intereses con Axel Kicillof.
Esa responsabilidad, que hasta el año pasado le correspondía a Jorge Macri casi con exclusividad, y que luego de las elecciones recayó en el intendente de Lanús, quien a su vez fue el jefe de campaña de Diego Santilli, también era compartido con algunas cuestiones que definía directamente la exgobernadora María Eugenia Vidal, quien con su paso a la Ciudad de Buenos Aires fue la primera que quedó de lado en cualquier conversación.
A pesar del poco tiempo que tienen en el poder municipal la mayoría de los intendentes del PRO, que llegaron ahí en 2015, ya adquirieron las viejas mañas y la negociación por la plata que le corresponde en materia de coparticipación es más fuerte que cualquier lógica que determine la política.
A la par, y de manera mucho más rápida, se nota la desintegración de la confianza entre los jefes comunales.
Es por eso que les cuesta tanto, hoy, conseguir un reemplazo para Grindetti. Diego Santilli, a quien le ofrecieron esa vacancia, duda porque sabe que viene con trampa. A Cristian Ritondo, el ex funcionario de Seguridad de Vidal, aún no le habrían dicho nada.
En esta matriz, los radicales son mucho más experimentados, y al ser casi todos del interior provincial, se entienden mucho más rápido. Pero también son más dependientes de los recursos provinciales, algo que siempre termina torciéndole la mano a la hora de hacer política.
Lo cierto es que la salida de Grindetti de la mesa de Juntos en PBA, está relacionada con la irrupción de Mauricio Macri, y su pedido al partido para que tome distancia de la UCR y de la «rosca» que los emparenta a la «casta» política.
En ese marco, Grindetti, quien había avanzado en negociaciones por el BAPRO con el gobierno de Axel Kicillof en la Legislatura, vio dinamitado esos acuerdos y se retiro. El ala dura (influenciada también por actores como Javier Milei) tensa al PRO y a Juntos.
