Tras la renovación de autoridades, la central obrera marcó límites frente al proyecto oficial de modernización laboral. Desde el Ejecutivo aseguraron que buscarán consensos en el marco del Consejo de Mayo y que las sesiones extraordinarias incluirán el debate sobre la reforma.
La nueva conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT) fijó su primera posición frente al proyecto de reforma laboral que el Gobierno pretende enviar al Congreso antes de fin de año. El flamante cosecretario general, Cristian Jerónimo, advirtió que no aceptarán “ninguna propuesta alocada” ni iniciativas que impliquen pérdida de derechos.
Jerónimo, titular del Sindicato del Vidrio, aseguró que el sindicalismo está dispuesto a discutir cambios en las normas laborales, pero dentro de los convenios colectivos de trabajo. “Nosotros tenemos un instrumento que lo reivindicamos para discutir cualquier modernización, que son los convenios colectivos de trabajo, que es mentira que son de 1975”, remarcó.
La CGT renovó su cúpula con un nuevo triunvirato integrado por Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguros) y Cristian Jerónimo (Vidrio). La elección se produjo tras una interna que provocó la salida de la UTA y expuso diferencias entre sectores tradicionales del movimiento obrero.
El dirigente del vidrio insistió en que los gremios no respaldarán cambios que impliquen retrocesos. “Nosotros, para ser muy claros, no vamos a aceptar ninguna propuesta que sea regresiva con quitas de derechos”, afirmó, y señaló que el Gobierno dejó trascender medidas que “hablaban de 12 horas de trabajo, de banco de horas, de salarios por productividad”.
En la Casa Rosada, sin embargo, mantienen el optimismo. Fuentes oficiales sostuvieron que el Ejecutivo confía en alcanzar un consenso amplio en el marco del Consejo de Mayo, el ámbito multisectorial en el que se trabaja la reforma junto con representantes sindicales, empresariales y políticos. “Aspiramos a que los nuevos líderes de la CGT entiendan la necesidad de modernizar las leyes laborales en favor de los trabajadores”, expresaron desde Balcarce 50.
El presidente Javier Milei planea convocar al Congreso a sesiones extraordinarias entre el 10 y el 31 de diciembre para tratar la reforma laboral junto con la tributaria, el Presupuesto 2026 y el nuevo Código Penal. El Ejecutivo contempla extender el período de debate durante enero y febrero si fuera necesario.
La coordinación política del proyecto estará a cargo del nuevo jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien reemplazó a Guillermo Francos en la conducción del Consejo de Mayo. En esa mesa también participan el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, el secretario de Trabajo, Julio Cordero, el titular de la UOCRA, Gerardo Martínez, y representantes del empresariado y el Congreso.
Desde el oficialismo aseguran que el proyecto buscará simplificar el sistema registral y promover un blanqueo laboral retroactivo sin costos para los empleadores. Según Cordero, “tenemos un plan de incremento salarial dinámico” que busca reducir la brecha entre los sueldos reales y los de convenio.
A pesar del tono firme de la CGT, en el Gobierno interpretan que las divisiones internas del sindicalismo pueden facilitar el avance de la iniciativa. Funcionarios consultados señalaron que “cada sector tiene sus propios intereses” y que eso podría acelerar los acuerdos.
Jerónimo, el más joven del triunvirato cegetista, señaló que el Ejecutivo debe dar el ejemplo si busca compararse con los países desarrollados. “Me parece que si el Presidente plantea que el país esté entre los países desarrollados que empiece por respetar los derechos de los trabajadores”, afirmó.
La nueva CGT, aunque mantiene una posición crítica, abrió la puerta al diálogo. En el Gobierno confían en que ese equilibrio entre firmeza y negociación permitirá destrabar uno de los ejes centrales de la agenda oficial: una reforma laboral que no enfrente, sino que integre a los actores del trabajo argentino.
