Boca se repuso de la caída en Santiago del Estero y superó por 5 a 3 a Tigre en un verdadero partidazo con varios puntos altos, en especial el «changuito» Exequiel Zeballos. De la crisis al «fútbol que le gusta a la gente».
De la cima al pozo, de la victoria a la preocupación. La montaña rusa que no acaba pero con la que supo convivir toda su historia. Esto es Boca, tómelo o déjelo.
En el poco tiempo que Sebastián Battaglia dirigió al conjunto Xeneize, jugó mal y bien, este último sobre todo en momentos críticos, estuvo al borde de dimitir y salió campeón dos veces. No hay un punto medio, la vara con la que se mide el buen funcionamiento de Boca es muy alta y por momentos nos olvidamos de las cosas que logra.
Igualmente, es cierto que por momentos juega mal y el equipo no fluye dentro de la cancha. Pero la ventaja de Boca, al contrario que River, no necesita enlazar pases complicados ni crear jugadas maravillosas para llegar al gol, todo lo opuesto. Con las individualidades llega fácilmente al arco rival y genera peligro sin jugar bien.
Sin embargo, no todo es color de rosas: como una buena montaña rusa, en los buenos momentos parece imbatible pero cuando los vagones comienzan a bajar Boca es un caos.
El plantel es un misterio y es la noticia de cada semana, como en el caso de Villa que falta a entrenar, exige ser vendido y para colmo tiene una causa judicial fuerte, pero en un abrir y cerrar de ojos termina siendo en la actualidad el mejor jugador del equipo. También el caso de Benedetto y Rojo, dos de los pocos capitanes del equipo faltan a entrenar y no son convocados, luego terminan siendo figura.
Por esto Boca vive el día a día y los seis de nueve puntos ganados en el campeonato local no son moco de pavo, más teniendo en cuenta lo complicado que es el arranque del fútbol argentino y a las vísperas de su enfrentamiento ante el Corinthias por Copa Libertadores es bueno estar sereno.
