“Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar….” reza la canción de Serú Girán que ya tiene algunos años pero no ha perdido vigencia. Y es que en la escuela, esa institución conocida por las mayorías y desconocida a la vez, no sabemos si observar, sumergirnos de lleno en el agua, o seguir ambas en consecuencia. Claro que cualquiera de las opciones exige que le pongamos el cuerpo y esa apuesta tiene un precio.
El precio para la Vicedirectora de la Escuela Primaria del Departamento de Junín en Mendoza, Carolina Gutiérrez, frente a la zambullida, fue un “traslado preventivo” que puso el centro de la medida, tomada por la Dirección General de Escuelas de dicha provincia, en el uso del lenguaje inclusivo. El funcionario provincial de educación, que dio las explicaciones del caso, alegó que los padres interpretan la manifestación de ese lenguaje como un hecho político.
En buena hora comenzamos a hablar del lenguaje y sus usos como un hecho político y nos permitimos reflexionar sobre él; aunque parece que para muchos sectores, sólo es político si se utiliza la letra “e”. Pero, ¿de dónde nace la demanda de un lenguaje que altera sus palabras en una letra? ¿El lenguaje es una letra? Es más que eso, es el nombrar y ser nombrado porque es primero en lo discursivo donde se existe. Un acto de enunciación noble que aloja, da entidad, y que en la demanda esconde la designación de realidades antes inexistentes.
Sabemos que los cambios en el lenguaje se producen por la intensidad en el uso y se adoptan de manera progresiva y espontánea. Pero también, sabemos que los tiempos y las realidades en la escuela no siempre van al compás de lo que la Real Academia Española designa como aceptable. En rigor de verdad, la Real Academia siempre entra tarde en la pista porque lo “aceptable” surge del uso social masivo. Será que esos tiempos escolares, marcados por la realidad de sus actores, llevaron a Carolina a tomar conocimiento sobre la diversidad y los padecimientos en la escuela para hacerlo su tema de tesis. Y acá, la que entró tarde a la pista fue la Dirección General de Escuelas de la provincia de Mendoza, desconociendo su trayectoria.
Los tiempos en la escuela lo marcan les chiques, sus intereses, sus inquietudes y sus modos del decir. Esos modos que comienzan a horadar en un lenguaje generalizado en masculino y que les pibes saben problematizar. Carolina está bajo una investigación administrativa y una exposición que se disputa en el ámbito de la política partidaria porque eligió mirar las nuevas olas y en su uso del “todos, todas y todes”, también ser parte del mar.
