El cierre de plantas, la caída del consumo y el avance de las importaciones golpearon con fuerza a la industria textil. La empresa Emilio Alal bajó sus persianas en Corrientes y Chaco y dejó sin trabajo a más de 260 empleados.
Desde hace meses, la industria textil enfrentó un escenario crítico en todo el país. El consumo interno no mostró señales de recuperación y los costos locales presionaron sobre la rentabilidad. A ese cuadro se sumó el avance de las importaciones, que afectó de forma directa a la producción nacional.
En ese contexto, la empresa textil Emilio Alal cerró sus plantas productivas de hilados y telas en Corrientes y Chaco y despidió a más de 260 trabajadores. La compañía comunicó la decisión a su personal a través de una nota interna. Allí señaló que “se vio obligada a tomar la decisión no deseada de cerrar sus plantas productivas de hilados y telas en Corrientes y Chaco”.
La firma, con más de un siglo de trayectoria en el país, atribuyó la medida al “actual contexto económico y comercial adverso, sumado a problemas estructurales que afectan la competitividad de la industria nacional, lo que ha tornado inviable la continuidad de sus operaciones, no avizorando cambios de relevancia para el corto y mediano plazo”.
Entre los factores que detalló, la empresa mencionó la apertura “indiscriminada” de importaciones de hilados, telas y prendas de vestir, tanto nuevas como usadas. También remarcó la pérdida del poder adquisitivo, los altos costos financieros, laborales y energéticos, y la elevada carga impositiva. Según el comunicado, ese conjunto de variables “generó una pérdida significativa en la competitividad para la producción nacional”.
El caso de Emilio Alal se sumó a una serie de despidos y cierres que se repitieron en otras compañías del sector textil y del calzado. Una de ellas fue el Grupo Dass, que fabricó zapatillas para marcas internacionales como Nike, Adidas, Umbro, Fila y Asics. A fines de la semana pasada, la empresa despidió a 43 empleados de su planta ubicada en Eldorado, Misiones. La producción de esa fábrica quedó comprometida solo hasta junio de este año.
El grupo, de capitales argentinos y brasileños, ya había cerrado en enero de 2025 su planta de Coronel Suárez. Con esa decisión, concentró toda su actividad en Misiones, en un contexto marcado por la caída del consumo.
Otra empresa afectada fue Eseka S.A., dedicada a la producción de lencería para las marcas Cocot y Dufour. En los últimos dos meses, despidió a 140 trabajadores de su planta situada en el barrio porteño de Parque Chas. La situación generó conflictos y protestas, con intervención policial, ante la decisión de la firma de pagar sueldos, aguinaldos y vacaciones en cuotas.
El listado se completó con la textil TN & Platex, que cerró por tiempo indefinido su planta de Los Gutiérrez, en Tucumán. La medida derivó en la suspensión de 190 empleados. Aunque la empresa desvinculó a los trabajadores, inició gestiones con otras firmas de la provincia para intentar su reubicación laboral.
La sucesión de cierres y despidos expuso el deterioro del entramado textil y dejó en evidencia el impacto de la crisis económica sobre una de las industrias históricas del país.
