A diferencia de la mayoría de los mandatarios atemorizados por los recortes que ponen al filo a las economías provinciales, Kicillof no tuvo reparos en mostrar sus enormes diferencias con el modelo de Milei.
Las provincias son el campo de batalla en la disputa contra el presidente de la Nación, Javier Milei. Desde su trinchera, Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof agarró la posta e intentó marcar el rumbo de la oposición nacional.
En las casi dos horas de discurso de apertura de las sesiones ordinarias bonaerense, Kicillof se mostró como la antítesis al Presidente liberal y defendió un modelo de gestión de Estado presente, que impulse la obra y la educación públicas, la producción y el trabajo.
También esquivó, con elegancia, la invitación Milei al Pacto de Mayo, donde pretende reunión a todos los gobernadores. «Si se trata de encuentros para fotos y marketing… arranquen nomás si no llegamos”, deslizó, en uno de los momentos más aplaudidos de su mensaje ante la Asamblea Legislativa bonaerense, con nutrida presencia de funcionarios, intendentes, dirigentes políticos, gremiales y sociales.
El discurso del ex ministro de Economía durante el gobierno nacional de Cristina Kirchner generó tanta expectativa que una vez concluido se comenzó a hablar de la creación de «kicillofismo» como expresión política dentro de Unión por la Patria.
«Todas nuestras medidas estarán orientadas a defender y proteger lo que se esté abandonando desde el Gobierno central. Nuestras posibilidades para hacerlo son limitadas, pero nuestra voluntad no reconoce límites», sostuvo el gobernador, marcando que su gestión estará abocada, en gran parte, a cubrir los desastres que haga el gobierno libertario.
Somos el verdadero gobierno de la transformación, no somos el gobierno de la continuidad. Nuestro pacto es con el pueblo, con la Patria y con la Provincia y nunca lo vamos a traicionar.
Los bonaerenses respaldaron lo que se hizo en estos cuatro años y expresaron que los… pic.twitter.com/ZKBVuzMhGY
— Axel Kicillof (@Kicillofok) March 4, 2024
En momentos donde la oposición busca consolidar su rumbo para aguantar la embestida de Milei, y en especial el peronismo tratando de encontrar su propia Génesis y quien pueda encarnar el futuro, Kicillof se hizo escuchar con fuerza.
«No queremos más motosierra, ni ajuste», detalló, asumiendo en alguna medida la defensa política del resto de sus colegas, objeto de las iras presidenciales luego del rechazo a la ley ómnibus.
Hay un dato interesante, que puede jugarle en contra o a favor al gobernador bonaerense, pero que lo distingue: a diferencia de la mayoría de los mandatarios atemorizados por los recortes que ponen al filo a las economías provinciales, Kicillof no tuvo reparos en mostrar sus enormes diferencias con el modelo de Milei.
En rigor, el discurso terminó de posicionar a Kicillof como el principal referente opositor a Milei. En esa línea, al pacto de diez puntos propuesto por el libertario, que varios -como el gobernador riojano Ricardo Quintela– compararon con el contenido del Consenso de Washington, el bonaerense contrapuso siete puntos para un país realmente federal entre los que incluyó la reactivación de la obra pública, la reposición de los fondos para los docentes, las universidades y el transporte, los recursos para comedores y medicamentos, la derogación del mega DNU «ilegal y anticonstitucional», el rechazo al «delirante» proyecto de dolarización y el dragado del canal Magdalena, junto a «la defensa irrestricta de nuestra patria y nuestra historia, con el firme reclamo por la soberanía en Malvinas».
