La Corte Suprema reabrió el juicio por la causa Hotesur-Los Sauces, complicando el panorama judicial de la ex presidenta. Mientras tanto, las internas en el kirchnerismo y los conflictos con Axel Kicillof exponen
La Corte Suprema reabrió el camino para el juicio oral en la causa Hotesur-Los Sauces, un caso que afecta directamente a Cristina Fernández de Kirchner y a su hijo, Máximo Kirchner. Este fallo suma una nueva complicación judicial para la ex presidenta en un contexto marcado por tensiones políticas y desafíos internos en el peronismo.
La causa Hotesur-Los Sauces, que investiga presunto lavado de dinero a través de alquileres vinculados a coimas en la obra pública, se conecta con otros casos judiciales como la Causa Vialidad. En ese expediente, Cristina Kirchner fue condenada a seis años de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos, aunque la sentencia aún debe ser revisada por la Corte.
Desde el entorno de la ex presidenta insisten en que estas causas forman parte de una persecución política contra el peronismo. Cristina Kirchner utiliza este argumento para exigir respaldo dentro del movimiento, pero las respuestas han sido tibias, incluso entre los gobernadores y legisladores alineados al PJ.
El kirchnerismo también enfrenta el impacto del caso del senador Edgardo Kueider, que ha reavivado el debate sobre corrupción y dejado expuestas internas en el Senado. Este episodio amplificó la atención sobre manejos turbios en la política, mientras el oficialismo y la oposición cruzan acusaciones.
En paralelo, el liderazgo político de Cristina Kirchner se encuentra bajo presión. Su reciente movimiento para asumir la presidencia del Partido Justicialista dejó al descubierto tensiones dentro del kirchnerismo y conflictos con aliados estratégicos como Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Kicillof, que proyecta su propio camino político con miras al futuro, mantiene diferencias con el núcleo duro kirchnerista. Aunque comparte una posición opositora frente a Javier Milei, su prioridad es consolidar su poder en Buenos Aires, lo que genera fricciones con el plan nacional de Cristina Kirchner.
El mapa político tampoco favorece al peronismo. En las últimas elecciones, perdió distritos clave como Santa Fe, Entre Ríos, Chaco y Santa Cruz. Las provincias que aún gobierna el PJ muestran niveles variados de alineamiento. En algunos casos, como Córdoba y Salta, los vínculos con el núcleo kirchnerista son casi inexistentes. Solo Buenos Aires, Formosa, La Pampa y La Rioja parecen mantenerse fieles al proyecto de la ex presidenta.
El desafío de Cristina Kirchner radica en reconstruir su influencia territorial mientras enfrenta un panorama judicial adverso. Su apuesta se centra en las elecciones nacionales, incluso evaluando la posibilidad de competir directamente en Buenos Aires. Sin embargo, esta estrategia no está exenta de riesgos, especialmente en un escenario político fragmentado dentro del propio peronismo.
Con el foco puesto en la disputa con Milei y en la consolidación de su liderazgo, Cristina Kirchner busca evitar que las internas y los cuestionamientos judiciales debiliten su posición. Pero los conflictos abiertos con figuras clave como Kicillof y las tensiones en el Senado complican su camino.
