Con pocas chances de crecimiento en Córdoba, Santa Fe o Mendoza, la agrupación apuesta al único territorio populoso donde cuenta con una base electoral suficiente para intentar intendencias dentro de dos años.
El Frente de Todos saca cuentas de los triunfos y las derrotas que cosechará en cada una de las provincias. Obviamente la esperanza mayor es la Provincia de Buenos Aires y distritos muy afines, como Formosa, Chaco y Santiago del Estero, entre otros. Esos resultados le darán a la coalición oficialista un diagnóstico de dónde están parados y cómo se encaminan hacia 2023.
Ese análisis también lo hace cada una de las agrupaciones y espacios que conforman al Frente de Todos. En el caso de La Cámpora, las expectativas de crecimientos (o de subsistencia) están puestas en el conurbano. En las otras grandes provincias, como Córdoba, Santa Fe, Mendoza o Entre Ríos, el alcance camporista es poco. Hasta al peronismo tradicional le cuesta hacer pie en esos territorios.
Sobre todo la primera y la tercera sección electoral, que presentan aproximadamente un padrón de 4 millones de electores.
En muchos de esos distritos, el oficialismo ganará holgadamente. La búsqueda de La Cámpora es presentarlos como triunfos del cristinismo o el kirchnerismo, y no dejar que los intendentes sean los únicos que saquen provecho de las victorias distritales.
El límite a las reelecciones de los intendentes es un buen instrumento para acotar el poder de los jefes comunales y poder colar un camporistas en las elecciones primarias a Intendente en 2023.
Por eso algunos destacan la oportunidad de Juan Zabaleta y Gabriel Katopodis de poder instalar con más tiempo a sus sucesores para 2023 y de esa manera correr con algo de distancia.
