Por Alberto Carbone
Cuando Hannah Arendt invocó esta frase, la banalidad del mal, la remitió directamente al accionar despiadado, meticuloso y salvaje desplegado por los nazis contra las minorías étnicas y culturales, que se referenciaban implacables en su absoluta necesidad de cumplimentar la ansiada e inestimable limpieza racial que redundaría en el bien de la sociedad humana.
La Historia, que como sabemos se desenvuelve trágica y dramática y suele repetirse estrafalaria como farsa o farándula, nos ha depositado en la Argentina un espécimen ridículo, impensado, estrambótico y despreciable que jamás hubiésemos imaginado ni en la peor de las pesadillas.
Esta realidad, que por supuesto no considero necesario acreditarla meticulosamente, porque usted la conoce y padece sobre manera, se precipita sobre la vida de los seres de a pie, lastimándolos, despojándolos de creencias y valores y ultimando definitivamente toda voluntad y esperanza.
Pero sabe una cosa. La culpa no debe recaer únicamente sobre este personaje enfermo y desprovisto de sensibilidad. Porque de una manera u otra, los insanos poseen su justificación basada justamente en su insania.
Por eso mismo deberíamos someter este juicio a la razonabilidad de lo que vivimos. Deberíamos confrontarlo con el accionar de aquellos ciudadanos desprovistos de pensamiento crítico que en aras de desestructurar la comodidad y parsimonia de la clase política tradicional, optaron por el desbarajuste, apoyando con el voto a un desequilibrado emocional, sin entender el despropósito y sin medir las consecuencias.
Claro. Lógicamente los sectores de Poder económico incentivaron ese proyecto, a sabiendas de que muy posiblemente podrían controlar, dominar, guiar las acciones enfermas del candidato.
Es cierto también que durante estos dos años de mandato han logrado robustecerse, afianzarse, legitimarse y consolidar ese Modelo de país que otrora, la Constitución de 1853 original, hubo pergeñado para beneplácito de la elite.
Pero también es cierto que el descontrol de un desequilibrado puede acabar trastocando los más deseables presupuestos del reducido núcleo de interés. Podría acontecer por ejemplo, que las actitudes desbocadas desarticulen innecesariamente los más deseables objeticos de Clase o sector social.
Por eso mismo no desestime usted la posibilidad de que el grupo de comando táctico económico y social, conduzca la realidad política hacia acontecimientos fríamente calculados con el fin último de articular su mejor beneficio.
Sería dable pensar que el desgajamiento del gobierno actual se tense hasta la fecha límite de las elecciones del mes de octubre del corriente año.
En virtud de ello, el eventual derrumbe de esta Administración y la paralela promoción exacerbada de la Vicepresidenta como imagen razonable, seria y objetiva, capaz de sustituir al Presidente desequilibrado en su función inestimable, se va meticulosamente pergeñando. Esta voluntad, se asienta justificada en la evidente incapacidad funcional que deriva de la falta de salud del Primer Mandatario y de su imposibilidad de sostener la responsabilidad. Un manifiesto claro, un argumento y una posibilidad concreta.
De esa manera, la banalidad del mal continuaría en el tiempo, se restablecería la necesaria cordura, se justificaría cada accionar en la lógica necesidad de recuperar el normal desenvolvimiento de la economía nacional.
Los grupos concentrados han acumulado en este tiempo mileista ganancias exorbitantes. Los precios de la canasta básica, los servicios por las nubes han configurado la devastación del poder adquisitivo del salario. Por ello, precisamente, una adecuada negociación entre los nuevos mandos políticos y quienes poseen el control económico real, podría aplacar el descontento en aquellos ciudadanos que ya no esperan nada de Milei a pesar de haberlo votado, pero que a la vez están suficientemente convencidos de que la vieja política de los Partidos tradicionales se define con el nombre de casta.
Después de la debacle en las elecciones provinciales de septiembre y de la caída despiadada en las nacionales de octubre, el gobierno de las “fuerzas del cielo” seguramente capotará.
Podría abrirse un período en el cual la Vice asuma por abdicación del desequilibrado emocional. Podría acontecer entonces que una nueva imagen de Poder Ejecutivo, restablezca la espera otorgue un nuevo plazo de esperanza, consolide la inmovilidad de los movimientos sociales, de los sindicatos y de la desaparecida CGT.
La banalidad del mal iniciaría así un nuevo período, otro plazo argumentativo legitimando su deber ser, su sentido común, su racionalidad y el sublime deseo de continuar accediendo a sus suculentos negocios usufructuando todos los recursos indispensables y cuantiosos del país que saben de sobra y tienen acreditado que les pertenece.
