Mientras escala la interna con La Cámpora y Milei muestra signos de desgaste, el gobernador bonaerense enfrenta una definición clave: moderar su perfil para ampliar su base o profundizar una agenda de izquierda para consolidar identidad.
A pesar de su feroz interna con La Cámpora y de la aparición de varios posibles candidatos presidenciales para 2027, Axel Kicillof continúa tejiendo su construcción política y se posiciona como el principal contrincante del presidente Javier Milei. En un escenario donde el Gobierno libertario perdió consistencia en dos de sus principales banderas, la inflación y la transparencia, los armadores del gobernador comenzaron a debatir cuál debe ser el rumbo ideológico de su proyecto.
En ese marco, una encuesta que circuló en los últimos días activó la discusión: ¿conviene un armado de centro, al estilo de Luiz Inácio Lula da Silva en 2002, o una propuesta de izquierda más definida, como la que impulsó Zohran Mamdani en Nueva York en 2025? Según la consultora Atlas Intel, la diputada nacional Myriam Bregman encabeza la imagen positiva con 47%, mientras que Milei cae al 36% y queda relegado al quinto lugar, en línea con otros relevamientos que registraron una baja en su valoración.
El antecedente de Lula en Brasil marca un camino de moderación y ampliación hacia el centro político. En aquella campaña, el líder del PT dejó atrás su perfil más confrontativo y buscó transmitir previsibilidad económica. La “Carta al Pueblo Brasileño” funcionó como señal directa a los mercados, con compromisos de estabilidad macroeconómica y respeto a los contratos. Ese giro se tradujo en alianzas con sectores empresarios y en la elección de José Alencar como compañero de fórmula. La estrategia combinó inclusión social con responsabilidad fiscal y logró ampliar su base electoral.
En contraste, el recorrido de Mamdani en Nueva York se apoyó en una identidad ideológica nítida y en la movilización de base. Vinculado a Democratic Socialists of America, el dirigente construyó una campaña con eje en la redistribución, la vivienda accesible y una mayor carga impositiva sobre los sectores más ricos. Su apuesta no buscó moderar posiciones, sino profundizarlas, con una narrativa de confrontación frente a las elites económicas y una fuerte presencia territorial y digital.
En ese cruce de modelos se mueve hoy Kicillof. La opción “Lula” ofrece volumen político, baja resistencias y abre canales con sectores de poder que resultan claves para una eventual gestión nacional. La vía “Mamdani”, en cambio, refuerza identidad, ordena la tropa propia y puede capitalizar el malestar social con una propuesta más nítida.
La definición no es menor. En un peronismo atravesado por tensiones internas y con un oficialismo libertario que muestra signos de desgaste, el gobernador bonaerense enfrenta una decisión estratégica: ampliar hacia el centro para construir mayoría o radicalizar su perfil para liderar una oposición más dura. El camino que elija no solo marcará su futuro, sino también el perfil de la alternativa política que busque disputar el poder en 2027.
