Un médico de la Clínica Olivos reveló que se negó a sedar al Diez por pedido de Luque y Cosachov, y cuestionó con firmeza la internación domiciliaria que precedió al fallecimiento del ídolo.
La 13° audiencia por el juicio de Diego Armando Maradona volvió a arrojar que las horas posteriores a la operación cerebral del astro del fútbol en la Clínica Olivos anticipaban, según un médico que declaró como testigo, el trágico desenlace ocurrido semanas más tarde en la casa de Tigre, donde el exfutbolista murió el 25 de noviembre de 2020 bajo un esquema de internación domiciliaria.
Fernando Villarejo, jefe de terapia intensiva del sanatorio de Vicente López, fue quien estuvo a cargo de la salud del exentrenador de la Selección en ese período. Ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de San Isidro, relató una serie de maniobras médicas que, en su visión, resultaron inadecuadas y mal planificadas. «Me pedían sedarlo», reveló, en referencia al pedido hecho por el neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov, ambos actualmente imputados por el fallecimiento del Diez.
El testigo recordó que Maradona se mostraba agitado, con comportamientos erráticos, deseando abandonar el sanatorio por sus propios medios. Esa conducta preocupaba a Luque y Cosachov, quienes mantuvieron una reunión con Villarejo dentro de la institución. Según explicó, ambos profesionales manifestaron su inquietud por la dificultad de manejar al paciente «desde el punto de vista conductual, por alguna abstinencia«, y solicitaron apoyo institucional para iniciar una medicación.

«Lo que buscaban era sedarlo. Fue un momento difícil porque me negué rotundamente», afirmó Villarejo, quien dejó constancia formal de su negativa. Según detalló ante los jueces, la propuesta consistía en inducir una sedación profunda durante 48 a 96 horas para comenzar un proceso de desintoxicación. No obstante, recalcó que ese enfoque debía aplicarse en un entorno más preparado y con criterios clínicos claros.
A pesar de su oposición, la decisión de sedar a Maradona avanzó. El procedimiento requirió la colocación de un catéter venoso, maniobra que resultó compleja por la resistencia del paciente. “Se lo tuvo sedado durante 24 horas, pero ese tipo de abordaje requiere un plan con mayor proyección, no algo que se limite a un solo día”, argumentó.
Ante la ausencia de una estrategia terapéutica sostenida, el equipo de Villarejo optó por disminuir paulatinamente la sedación. “No había un horizonte terapéutico definido. Empezamos a actuar con criterio propio, porque la responsabilidad recaía sobre nosotros”, expresó, y remarcó que ya entonces había advertido que era imprescindible conformar un equipo interdisciplinario para atender al exfutbolista de manera adecuada.
Ya en la etapa de planificación del alta, el jefe de terapia intensiva planteó su desacuerdo con la idea de trasladar a Maradona a su casa en Tigre. En su lugar, recomendó la internación en un centro especializado en rehabilitación. «No era un paciente apto para una internación domiciliaria«, sostuvo. Describió al exjugador como un paciente con episodios de “excitación, agresividad e irritabilidad”, lo cual requería un abordaje integral y continuo. A pesar de su recomendación, la decisión final recayó sobre Luque. “Como era su médico de cabecera, se respetó su voluntad”, lamentó.
Finalmente, al ser consultado sobre qué condiciones habría necesitado una correcta internación en el hogar, Villarejo fue tajante: “No podía estar en una casa. Si se hacía, debía ser como una internación institucional, con un médico presente, acompañamiento terapéutico y monitoreo constante para evitar conductas autodestructivas o consumo indebido de sustancias. Eso, en un domicilio, es prácticamente imposible de controlar”.
