En Uspallata, donde funciona la sede del Gobierno porteño, los últimos sondeos cualitativos dejaron una novedad que cayó bien en el entorno de Jorge Macri: por primera vez apareció con fuerza la percepción de un “golpe de timón en la gestión”.
Lejos de interpretarlo como un problema, en el macrismo porteño lo leen como un resultado buscado. La estrategia del jefe de Gobierno apunta a mostrarse más firme, con un perfil más directo en sus posiciones públicas y en sus decisiones de gestión, con la intención de recuperar a la clase media urbana que difícilmente se sienta representada por un armado progresista o por espacios de centroizquierda, como ocurrió en la etapa de Juntos por el Cambio.
En el círculo cercano del mandatario insisten en que “no es un giro” sino “profundizar la línea que planteó desde el primer día”. Esa línea, remarcan, se apoya en una premisa clara: la Ciudad “necesita orden, cumplimiento de las reglas y un espacio público cuidado”. Dentro de ese paquete incluyen el fin de los piquetes, la baja en la cantidad de manteros, los desalojos de inmuebles usurpados y las denuncias por irregularidades en comedores y beneficiarios de planes sociales, que en la administración porteña vincularon con Juan Grabois y sus aliados.
El jueves, con dos nuevos procedimientos, la Ciudad llegó a 580 desalojos, con un detalle que en el oficialismo destacaron: una de las personas afectadas por la ocupación ilegal compartió en Twitter un mensaje de agradecimiento. Ambos operativos se realizaron en Palermo: uno en Honduras y Fitz Roy, y otro en Guatemala 5427.
En paralelo, desde el Ministerio de Espacio Público, que conduce Ignacio “Nacho” Baistrocchi, se profundizó el operativo para desarticular los principales núcleos de venta ilegal callejera. Según fuentes oficiales, “se recuperaron trece espacios públicos (63.700 metros lineales de veredas y calles, equivalentes a 637 cuadras) que estaban tomados y se desalojaron a más de 19 mil manteros”. Los casos más simbólicos para el macrismo porteño: calle Avellaneda en Flores y Once.
A esa batería de medidas se sumaron algunos videos que circularon con fuerza en redes, donde se ve a Jorge Macri conversando con vecinos y planteando que no avanzará con nuevas viviendas en villas. En cambio, apuesta a impulsar créditos blandos para que la clase media pueda acceder a su primera vivienda, una iniciativa en la que ya trabaja el Banco Ciudad.
Esa narrativa —que en el PRO identifican como el retorno del tono “amarillo”— también tiene un trasfondo político: construir un posicionamiento sólido rumbo a la disputa por la reelección en 2027, luego del golpe que significó la derrota en mayo de 2025 en las parlamentarias porteñas.
Ese tema, de hecho, viene siendo parte del debate en una nueva mesa política que se reúne todos los lunes a media mañana, en una sala contigua al despacho del jefe de Gobierno, en el tercer piso de Uspallata.
En esas reuniones participan el jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny, el diputado macrista Fernando de Andreis, y los ministros Hernán Lombardi (Desarrollo Económico), Ezequiel Sabor (Gobierno) y Guillermo “Willy” Romero (Asuntos Estratégicos), quien faltó al último encuentro por estar de vacaciones.
A ese armado se incorporaron también tres legisladores porteños recientemente electos: Waldo Wolff, Laura Alonso y Silvia Lospennato, que además conduce el bloque.
La incorporación de Lospennato se lee como un salto formal al jorgemacrismo. Y en su entorno aseguran que tiene una aspiración clara: quiere ser candidata a vicejefa en 2027. En ese esquema, la actual vice, Clara Muzzio, hace tiempo que no aparece en los planes de proyección interna.
Todo este movimiento se da en un contexto de cambios y reacomodamientos dentro del Ejecutivo porteño. El ajuste más relevante se concretó a comienzos de año: Agustina Olivero Majdalani asumirá como secretaria de Desarrollo Urbano, tras el desplazamiento de Karina Burijson, una funcionaria muy cercana al jefe de Gobierno, pero que venía acumulando cuestionamientos tanto dentro como fuera del PRO. Incluso Mauricio Macri y Daniel Angelici —hoy uno de los nombres con mayor peso en CABA— empujaban un recambio en esa área. No es un lugar menor: por allí pasan las regulaciones de todas las obras y construcciones de la Ciudad. El cambio fue promovido por Sánchez Zinny meses atrás y se concretó finalmente en enero.
La flamante secretaria es hija de Silvia “la turca” Majdalani, ex número dos de la SIDE, aunque en el PRO remarcan que cuenta con recorrido propio y una larga trayectoria dentro de la administración porteña. En los próximos días, aseguran, encarará modificaciones en un sector considerado especialmente sensible.
Otro punto que generó críticas fuertes en Uspallata fue la gestión del titular de la AGIP, Germán Krivocapich. En el Gobierno porteño le cuestionan no haber fijado un tope al aumento de patentes, lo que obligó al Ejecutivo a retroceder luego de incrementos superiores al 100%. Su figura quedó bajo la lupa. Ya en 2024 había intentado avanzar con la idea de aplicar Ingresos Brutos a profesionales, una iniciativa que terminó desactivándose después de que el propio Jorge Macri saliera a cruzarla públicamente. Dentro del PRO recuerdan además que “Krivo” había llegado por recomendación de “Willy” Romero.
