La salida de Lew expone las tensiones internas del equipo económico y deja en evidencia la fragilidad de la estrategia oficial frente a los vencimientos de deuda.
El pasado viernes se conoció la noticia de que Federico Fauriase se haría cargo de la secretaria de Finanzas de la Nación en reemplazo de Alejandro Lew, quien había asumido su cargo apenas tres meses atrás para suceder al ahora Canciller, Pablo Quirno. En este contexto, surgen dudas de los motivos detrás de la salida del ex director del Banco Central (BCRA).
El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, comunicó la decisión mediante un tuit protocolar en el que se limitó a señalar que Lew se apartaba por “razones personales”, el clásico eufemismo que suele encubrir diferencias políticas.
Lew, ex funcionario de YPF durante el gobierno de Alberto Fernández, mantenía diferencias con su sucesor, Federico Furiase, hasta este viernes director del Banco Central. Furiase, junto al vicepresidente de la entidad monetaria, Vladimir Werning, impulsaba un plan para corregir la convexidad de la curva de deuda soberana en dólares. En el mercado atribuyen la salida a la resistencia de Lew frente a esa estrategia: “Le cuestionaron la salida precipitada a juntar dólares a cuenta gotas para pagar capital al contado en julio”, explicó un operador. Fuentes oficiales graficaron la situación con crudeza: “Alejandro era como un jamón del medio entre Furiase y Werning y no resistió más”.
La renuncia se conoció en una jornada especialmente negativa para los activos argentinos. Los ADR que cotizan en Wall Street cerraron febrero con una caída acumulada del 25%, el riesgo país trepó a 570 puntos tras haber perforado los 500 semanas atrás, y el Merval tuvo su peor desempeño mensual desde septiembre pasado, luego de la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires.
Lew había llegado en noviembre con el objetivo de reabrir el acceso al mercado internacional de deuda, pero ese horizonte se aleja a medida que crece la desconfianza hacia los activos argentinos, mientras Brasil atraviesa un ciclo favorable bajo la gestión de Lula da Silva.
La crisis se agrava por la demora del Fondo Monetario Internacional en aprobar la revisión del acuerdo vigente. Según reveló Marcelo Bonelli, el viceministro José Luis Daza viajó de urgencia a Washington para dar explicaciones ante el auditor Juan Cubbedu. El organismo evalúa otorgar un waiver por el incumplimiento de la meta de reservas, aunque le preocupa la caída de la recaudación: el IVA se retrajo un 11% en un contexto de recesión, mientras la inflación sigue sin ceder.
La salida de Lew expone las tensiones internas del equipo económico y deja en evidencia la fragilidad de la estrategia oficial frente a los vencimientos de deuda. Con Furiase y Werning alineados en el Banco Central y el Ministerio de Economía, el gobierno apuesta a corregir la curva de deuda en dólares, pero el mercado observa con creciente desconfianza.
