Vecinos de distintos barrios se movilizan por casos de muerte o fuerte violencia en manos de asaltantes a veces menores. Un joven asesinado en Solano y otro herido de gravedad con arma blanca en Bernal.
Por Ariel Kocik
Un joven llamado Sergio González fue asesinado el 31 de enero en el barrio La Matera mientras iba a trabajar. Algunos lugareños habrían intentado linchar a un sospechoso detenido por el hecho. Vecinos de la zona realizaron una protesta frente a los Tribunales de Quilmes para reclamar por lo que consideran una insostenible inseguridad, mientras intentan juntar reclamos similares de otros barrios para organizar marchas.
Este tema, como es sabido, genera reacciones encontradas. Puede causar rechazo por lo que significa la palabra represión, pero también por ceguera, ya que para muchos dirigentes no parece existir un problema en algunas zonas tan presentes que resulta una aventura circular.
Sencillamente, como describe Fabián, de La Matera, “chicos de 14 años o menos asaltan, matan o toman rehenes”, y se ven favorecidos por un sistema legal que a veces hace demorar más “registrar una denuncia que lo que tarda el menor de edad en entrar y salir”. Un joven de las cercanías de la villa los Eucaliptos, Alexis Kosteak, sufrió un corte en una arteria y en los tendones por parte de asaltantes mientras iba al trabajo (con el que paga sus estudios), y salvó la vida en una clínica cercana. Según su padre, si Alexis no se defendía, lo mataban decididamente.
SOLUCIONES QUE NO LLEGAN
El gobernador Daniel Scioli ha mencionado el tema, sin solución hasta el momento, pero hay dirigentes que tal vez piensen que reconocer que un escolar puede resultar muerto –en manos de menores- por quitarle algo de plata, no queda “progre” cuando desde el estado se anuncia una política de derechos humanos. O demostraría una incapacidad para resolver estos problemas, al sugerir, además, que la inclusión social no es tal como dicen los números.
Cuentan en la Matera que “los delincuentes razonan que al matar gente pueden tirarla en Solano porque allí tienen impunidad segura”. Y que la permisividad legal es tal que potencia el delito en una franja de edad inocente. Además, lamentan que al plantear estos problemas desde la política les devuelvan la pelota de una eterna culpa de otros actores.
La exclusión y la droga barata han contribuido a un estado de violencia social inimaginable en tiempos en que los contactos entre los moradores de las villas y de sus alrededores eran corrientes. Barrios que antes fueron de trabajadores humildes, hoy dan refugio al narcotráfico y rompieron sus tradicionales lazos solidarios, ya que se roba y se mata en el propio lugar.
Ante este panorama, se plantea que los programas educativos y sanitarios, a la par que una inclusión en el mecanismo productivo, serían soluciones a largo plazo. Pero mientras despuntan estas políticas, y suponiendo que los actores logren los acuerdos y el trabajo necesarios para concretarlas, la vida de los vecinos de barrios humildes del Gran Buenos Aires merece una atención que no se limite a discursos con tono humanitario.
Los vecinos de Solano no piden que venga un ex represor a poner mano dura, sino simplemente que se atienda el derecho a la vida de los habitantes de las franjas más pobres o de los sectores medios que viven en la periferia, hoy expuestos a balazos, cortes o amenazas, mientras se estudia cómo incluir a quienes se mueven en el delito desde chicos. Algunos señalan que no atender el problema, lejos del “humanismo”, es falta de voluntad por resolver un tema que no da un rédito político rápido.
