El Gobierno celebró la desaceleración interanual, pero el dato de diciembre confirmó una tendencia opuesta. La inflación volvió a subir, superó las previsiones del mercado y dejó un arrastre que complicó el inicio de 2026. Mientras Javier Milei elogió a su ministro, los precios golpearon con fuerza en alimentos, tarifas y servicios.
La inflación de diciembre marcó un quiebre incómodo para el Gobierno. El Indec informó un aumento del 2,8% mensual, por encima de lo esperado por el mercado. El dato consolidó cinco meses consecutivos de subas y confirmó una dinámica que se inició en mayo. A pesar de ese escenario, Javier Milei defendió la gestión económica y afirmó que Luis Caputo es “el más grande”.
El oficialismo buscó refugio en la comparación interanual. Destacó que el índice cerró 2025 en 31,5%, el registro más bajo en ocho años. El recorte temporal resultó funcional al discurso libertario, aunque omitió un dato central: la inflación se aceleró durante gran parte del año y dejó un arrastre estadístico que condicionó 2026.
El movimiento del dólar expuso otro límite del relato. Tras la suba cambiaria, los precios reaccionaron. Los números mostraron una relación directa entre inflación y devaluación. En 2025, el índice acumuló 31% y el peso se depreció 28,5%. El pass through volvió a escena, más allá de los intentos oficiales por negarlo.
Las consultoras privadas ajustaron sus proyecciones. A fines de 2025 hablaban de un 20% para 2026. Tras el cierre de diciembre, ya estimaron un piso cercano al 30%, muy lejos del sendero que el Gobierno fijó en el Presupuesto. La diferencia triplicó la meta oficial.
El economista Juan Manuel Telechea relativizó el festejo. Señaló que la desaceleración anual partió de una base excepcionalmente alta. Diciembre cerró con una inflación mensual superior a la del mismo mes de 2024. Martín Kalos fue aún más explícito: “Diciembre 2025: 2,8% intermensual, hace ocho meses que se acelera. Interanual 31,5%, hace dos meses que sube levemente. Todo 2025 cerró con un promedio anual de 41,9%. Para 2026 deja un arrastre de 12,9%”.
El impacto ya se reflejó en el consumo. En diciembre, las ventas minoristas cayeron 5%, pese a las fiestas y al aguinaldo. El inicio del año mostró señales similares. Según el CEPA, en la primera semana de enero los precios de consumo masivo subieron 2,3%. La carne mayorista avanzó hasta 1,6%, el pollo trepó 4,9% y frutas y verduras alcanzaron subas de 7,9%.
La presión no se limitó a los alimentos. Los precios regulados marcaron el pulso inflacionario. Electricidad y gas ajustaron en promedio 2,5%, con quita de subsidios para sectores medios y altos. Las prepagas aumentaron 2,5%. Transporte, telecomunicaciones y medicamentos empujaron el índice. En el Área Metropolitana, colectivos y subte superaron el 4% y la VTV registró un alza cercana al 22%. Educación asomó en marzo como otro factor de presión.
La desigualdad de los aumentos quedó a la vista. Algunos productos bajaron de precio, como el arroz o la papa. Otros se dispararon. Los cortes de carne duplicaron la inflación promedio. Cuadril, paleta, nalga y asado subieron alrededor de 71% interanual. La carne picada avanzó 60%. El fenómeno respondió a una menor oferta de hacienda y a un mayor destino exportador.
Los servicios lideraron las subas del año. Educación aumentó 52,3%, restaurantes y hoteles 42,2%, y vivienda y servicios públicos 41,6%. Transporte también quedó por encima del promedio. La apertura importadora contuvo algunos rubros, como indumentaria y equipamiento del hogar, pero no compensó el impacto en el bolsillo.
El cierre del año dejó otro dato contundente. En diciembre, una familia tipo necesitó más de 1,3 millones de pesos para no caer en la pobreza. La canasta alimentaria subió 4,1% en un solo mes. Los festejos oficiales chocaron con una realidad persistente: la inflación volvió a acelerarse y el ajuste recayó sobre la clase media y los sectores populares.
