Un balance del primer año del “Barba” permite concluir que muchas de sus promesas han quedado aún en veremos. El sorpresivo triunfo electoral de Gutiérrez había despertado expectativas que todavía no pudieron ser apreciadas por el vecino.
Un balance del primer año del Barba permite concluir que muchas de sus promesas han quedado aún en veremos. El sorpresivo triunfo electoral de Gutiérrez había despertado expectativas que todavía no pudieron ser apreciadas por el vecino.
LOS FONDOS DE NACIÓN
Quilmes inicia el año con la promesa oficial de construir dos mil casas, hecha por la Presidenta. En honor a la verdad, antes que anunciar, convendría cumplir con las ya prometidas y a veces iniciadas con un año de demora, que todavía tardarán mucho en completarse. En mayo pasado, el intendente anunció, delante de la villa Los Eucaliptos: “mañana empiezan las obras”. Le erró por muchos meses.
En el edificio comunal hay un comodín para justificar la inacción o la lentitud en las obras: el gobierno no “baja” la plata. Hasta el Secretario Brian Renison (Obras Públicas) habría insinuado en la Escuela de Bellas Artes que la compañera “está sentada arriba de la caja”. Y gente cercana al intendente lo sugiere en tono menos amable.
Tiene sentido como queja de un empleado municipal, pero si lo dicen los altos funcionarios, que dedican elogios al por mayor al gobierno nacional, tiene tono de burla. Si el gobierno violenta el federalismo, concentrando recursos para dispensarlos a los que “se portan bien”, y el sentido común que indica asistir a los pueblos más vulnerados, como Quilmes, donde viven muchos de sus humildes votantes, la administración local no puede celebrarlo, ya que se debe a sus vecinos antes que a una condicionada migaja oficialista.
Sería como que la Nación no reclamara a los organismos de crédito porque espera una módica ayuda para seguir tapando heridas. Se subordinan los intereses de los quilmeños al capricho de quienes creen que el conurbano es un feudo, y se niega el derecho de otras comunas no oficialistas a recibir atención. La suerte de los distritos está atada a la obediencia a gobiernos indiferentes a los problemas sociales. Si gestionara la ciudad otro partido político, sería condenado aún más a la privación de recursos.
GUTIÉRREZ, A MEDIO CAMINO
Para ser justos, Gutiérrez encaró algunas medidas opuestas al estilo del gobierno que defiende en público y que sus hombres critican en privado. Permitió trabajar con libertad a los medios de prensa, luego de un sugerido retorno a una caverna autoritaria que fue aplaudido por varios conciudadanos, y devolvió sus funciones al órgano legislativo, además de ensayar loas al sistema republicano. Pero a fin de año presionó a los concejales para que aprueben sus planes recaudatorios, y desempolvó el pobre slogan de la “corporación política”, usado por supuestos “progres” (para repudiar experiencias como la de la Alianza) que luego terminan trabajando para el ex menemismo en el poder. Por más que la actitud de la oposición fuera oportunista, o electoralista, no se puede amenazar con pintadas o con mensajes a quienes piensan distinto.
El sorpresivo triunfo electoral de Gutiérrez había despertado la expectativa de dejar (o cuestionar) una era en que el estado que retribuyó los deberes hechos por el poder local con el mismo criterio con que un puntero barrial entrega o quita el pan y la leche a sus atemorizados vecinos. Pero el “Barba” se debe a un gobierno que apoyó más a su rival de las urnas que a él, y el rigor de la falta de fondos tomó forma de castigo durante todo el año pasado. Ahora, en año electoral, con tantos votos a disputar en Quilmes, finalmente el oficialismo aflojaría el collar de ahorque y enviaría plata para las “obras”.
En el campo social –supuesta prioridad de la gestión-, el área de Salud sí logró avanzar en cuestiones importantes, como el contacto con los sectores más humildes para proveer vacunas, atención médica, prevención, generar lazos de confianza y servicios básicos en zonas castigadas. Tal vez sea el mayor logro del primer año.
PANORAMA COMPLICADO
En distintos flancos, Quilmes lidia con problemas medioambientales, ineficiente sistema de cobros con irregularidades heredadas, extrema pobreza, inseguridad, drogas, desorden administrativo y una imagen desalentadora de sus calles y zonas céntricas, al ritmo del caos vehicular, los ruidos sin control de los boliches, la basura, la venta ilegal y las antenas como fondo.
Y una oposición que por un afán algo tribunero no reconoce cuando se proyecta una medida importante, como adecuar a Quilmes al sistema de cobros que rige en distritos como la Capital Federal o La Plata. Se han dicho cosas difíciles de sostener racionalmente, como que la “idiosincrasia de los quilmeños” no se adecua a los sistemas más modernos, como si los quilmeños vivieran en una isla contraria al progreso. El Secretario de Hacienda, Alejandro Tózzola, suele comunicar las cosas de un modo poco persuasivo, pero lo superficial no debería tapar lo específico, lo necesario, como juzgar las medidas sin cálculos mezquinos de tajada política por parte de la oposición.
En el terreno del medio ambiente, “Lalo” Olivares es consciente de heredar una situación que supera su poder de acción. Para ser sintéticos, en la zona hay cantidad de empresas contaminantes para las que el estado, con sus normas ambientales y sus leyes laborales, ha sido un escollo no muy difícil de sortear.
En otro orden, el megaproyecto inmobiliario de la ribera de Bernal y Don Bosco, a juzgar por la eficiencia local, sugiere a todas luces una tala masiva de árboles, construcción sobre terrenos contaminados, previsibles irregularidades y fragmentación social. Pero están disponibles los mecanismos de consulta con la ciudadanía para establecer, llegado el caso, un referéndum, tan caro a la propuesta de construir un municipio participativo.
EL ARTE DE LO POSIBLE
El tema político no promete muchas armonías. El intendente sigue galopando entre su mermada autonomía de dirigente del campo social, y su conversión a un peronismo bonaerense que no admite disonancias, menos cuando el gobierno guarda el setentismo para tiempos mejores, y a la hora de los bifes, reúne a Aldo Rico y a toda la vieja guardia menemista-duhaldista, que ya se sacó el poncho de los derechos humanos.
La realidad indica que Gutiérrez repudia a un sector político (el “anibalismo”) que pertenece a su mismo partido, identificado, como él mismo, con el gobierno nacional. Situación que denuncia coincidencias en temas de fondo, como no atacar al sistema de reparto injusto, y no hacerle asco a servirse del poder en vez de usarlo para servir, para luego presentar el respeto a la prensa como una mera concesión, cuando es un derecho.
El sector opositor de la Coalición Cívica viene envalentonado con su crecimiento local junto a la proyección provincial y nacional de su partido. Se distanciaría aún más del oficialismo. El ex villordismo no abandonaría su táctica de hacer negociar al gobierno. En tanto, no es tan previsible la posición de ex radicales, ex peronistas, denarvaístas y macristas. Dan la imagen de “querer ayudar al gobierno” y ofrecen una imagen de “equilibrio” y afán normalizador, para que funcione el Concejo Deliberante. Gutiérrez prometió no aliarse con el sector de Aníbal Fernández, pero no tiene mucha gente para sostener esa posición de modo intransigente. Colaboradores suyos ya han demostrado que no comparten su postura.
Por Ariel Kocik

