El abogado de 40 años volvió al centro de la escena política tras las filtraciones que sacudieron al oficialismo. El Gobierno lo acusa de operar detrás de las grabaciones que comprometen a Karina Milei, mientras su pareja, la diputada Marcela Pagano, salió en su defensa.
En medio del escándalo por los audios que involucraron a Diego Spagnuolo y golpearon de lleno a Karina Milei, el nombre de Franco Bindi quedó en el centro de las sospechas oficiales. La Casa Rosada lo señaló como responsable de la difusión de esas grabaciones y lo describió como un operador con conexiones en los servicios de inteligencia.
Marcela Pagano, diputada y pareja de Bindi, lo defendió públicamente. En el programa Duro de Domar, lanzó una frase que resonó: “Incluso hablan de mi pareja que anda dando vueltas por ahí. Un ‘espía’ que sostiene una cartera y cuida un bebé todo el día”. Su respuesta buscó ironizar sobre las acusaciones, al mismo tiempo que expuso la tensión política que rodea a ambos.
Un historial marcado por polémicas
Para el Gobierno, Bindi es mucho más que una figura incómoda en los medios. Lo acusan de haber organizado la logística de las escuchas y de moverlas en el circuito periodístico a través de sus propios vínculos. Un funcionario libertario lo resumió así: “No importa de qué tema se hable, tarde o temprano su nombre termina en la conversación”.
El recorrido de Bindi en la política y la justicia incluye capítulos llamativos. En 2013 tuvo una alerta roja de Interpol por una causa de sustracción de menores. Se refugió en Brasil y luego regresó al país cuando la carátula cambió a “impedimento de contacto”. Ese mismo año fue contratado por el gobierno de Santiago del Estero para representar a la provincia en Buenos Aires. Un operador judicial que lo conoció de cerca lo describió con una frase tajante: “Tiene una capacidad camaleónica que desconcierta”.
Bindi trabajó en el Ministerio de Planificación durante la gestión de Julio De Vido, defendió a Leonardo Fariña hasta terminar enemistado con él y participó del “caso D’Alessio” como abogado de Pedro Etchebest. También se consolidó como referente político durante el exilio de Evo Morales en la Argentina, a quien hospedó en su casa de Martínez y acompañó en actividades públicas.
El costado empresario y la relación con Pagano
En los últimos años incursionó en el mundo de los medios con Canal 4 Extra, Radio Extra y un portal de noticias económicas. Allí trabajaron periodistas de peso como Víctor Hugo Morales y Tomás Méndez, lo que alimentó las sospechas de vínculos con sectores del kirchnerismo.
El vínculo con Marcela Pagano se hizo público en 2024, aunque su relación profesional y personal venía de antes. Tras la salida de la diputada de América TV, recaló en los estudios que él había montado para Extra. Desde entonces formaron una dupla que se volvió inseparable, tanto en el plano íntimo como en el político.
La presencia de Bindi en el Congreso durante la disputa por la comisión de Juicio Político lo mostró como un actor clave en el entorno de Pagano. Ese episodio reforzó las sospechas dentro del oficialismo, donde a la legisladora ya la acusaban de “infiltrada del massismo”.
Sospechas que se repiten
En agosto de 2024, Bindi quedó otra vez bajo la lupa cuando circularon chats y fotos sobre la polémica visita de diputados libertarios a represores en Ezeiza. Varias fuentes lo señalaron como el intermediario que facilitó contactos con dirigentes de Unión por la Patria para desactivar el escándalo.
Su nombre también aparece vinculado a intentos de tender puentes con el peronismo, como el fallido homenaje a las monjas francesas desaparecidas en la dictadura. En el Congreso, aseguran que incluso trabajó como asesor en la Bicameral de Inteligencia durante el gobierno del Frente de Todos.
El nuevo capítulo
Con la crisis por los audios de Spagnuolo, Bindi quedó nuevamente bajo el reflector. Para el oficialismo, es el “espía” que mueve los hilos en las sombras y que se convierte en blanco inmediato cada vez que una interna golpea a la Casa Rosada. Su pasado lleno de episodios oscuros y sus conexiones en distintos espacios políticos alimentan esa imagen.
En paralelo, su figura se consolidó como un problema para el Gobierno, que lo eligió como símbolo de conspiración y de amenaza a la seguridad nacional. Detrás de cámara, o frente a los micrófonos, Franco Bindi se mantiene como uno de los personajes más enigmáticos de la política reciente.
