El ciberespacio es uno de los escenarios elegidos por los candidatos para publicitar sus proyectos de cara a las elecciones legislativas. Obama también lo utilizó y en México se puso de moda para evitar concentraciones por el temor a la expansión de la gripe porcina.
En el mundo posmoderno en el que vivimos, la tecnología toma cada día más protagonismo en la vida social de las personas. Un caso es el de Internet, un fenómeno que surgió hace más de una década, pero que cada año aumenta su influencia en la sociedad. Tal es así, que el ciberespacio traspasó esta barrera social, para tomar cada vez más fuerzas en la política del país.
Después de que a Barack Obama le haya sido muy útil y práctico en su campaña para presidente de EE.UU., los candidatos de las elecciones legislativas, que se realizan en Argentina el 28 de junio, comenzaron a utilizar con mayor ímpetu las redes sociales para cautivar el voto de los más jóvenes y mantener, así, un contacto directo y personalizado con los cibernáuticas. También utilizan estos métodos los políticos de México, para evitar hacer actos públicos donde es propicio el contagio de la gripe porcina.
Las leyes electorales contemplan que la campaña proselitista no puede realizarse 50 días antes de los comicios. Por eso, crear páginas Web o fundar grupos de Facebook es una herramienta para atraer electores sin estar en campaña. Y a muy bajo costo.
Francisco De Narváez, de Unión-PRO, es uno de los candidatos que más utiliza las ventajas que puede tener Internet. “El Colorado” posee comunidades oficiales de Facebook, con más de 6.000 fans, donde explicita sus propuestas, muestra videos de campaña y utiliza para concientizar a los electores ante boletas “tramposas que engañan” (como la del candidato Fernando Narváez). Pero además, el empresario multimillonario cuenta con una docena de páginas donde brinda ayuda a los votantes y explica sus proyectos, como por ejemplo, www.miprimervoto.com, www.unidosenlaweb.com, www.meayudas.com y www.mapadelainseguridad.com, entre otros. De Narváez, junto a su aliado Mauricio Macri, es uno de los más “cancheros” respecto al uso de la Web.
Los candidatos del Acuerdo Cívico y Social, Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, también largaron hace tiempo sus “campañas virtuales”. El grupo de Facebook del hijo del ex presidente cuenta con 1.200 partidarios. “Es imposible que una sociedad progrese sin reglas claras. Debemos comprometernos todas las fuerzas políticas, respetar la Constitución Nacional, asegurar la independencia del Poder Judicial, fortalecer el parlamento y recuperar el federalismo”, dice Alfonsín en un video casero que se puede observar por Internet, y que si lo hubiese reproducido en los medios de comunicación le saldría fortuna.
Por su parte, Stolbizer usa Facebook para buscar fiscales de mesa “con el fin de propiciar comicios limpios”. Además, muestra videos de su lanzamiento como candidata, abre foros de debate y arma un día a día de sus actividades y movimientos.
Gran cantidad de usuarios que navegan por las páginas del ACyS está conforme generalmente con los nombres que conforman las listas, aunque reclaman “que se tendría que haber decidido por consenso, por elecciones internas”.
EL OFICIALISMO NO SE LLEVA MUY BIEN CON INTERNET
Aunque Cristina y Néstor Kirchner tienen su cuenta oficial y sus grupos de apoyo en el Facebook, no son muy propicios a utilizar estas redes sociales como método de campaña. Es más, si escribimos “Néstor Kirchner” en el buscador, la mayoría de las comunidades utilizan slogans como “Los Kirchner son peores que Menem” o “No soporto a Néstor”.
CADA COSA EN SU LUGAR
Creer que la cantidad de fans o grupos a favor de un político en estas redes sociales se relaciona con la cantidad de votos que obtendrá cada candidato el 28 de junio, es tan necio e ingenuo como lo que realiza Jorge Rial, en el programa “Intrusos en el espectáculos”, donde considera que el rating que miden los imitadores de “Gran Cuñado” tiene estrecho vínculo con la imagen que cada ciudadano posee de los políticos verdaderos y con la intención de voto de la sociedad.
Por Gonzalo Cores
