Amplificó la estrategia electoral que usó en 2007 y 2011. Reapareció "la buena de la película" y evita cualquier polémica. Y eligió a Taiana, un compañero de fórmula con el mismo perfil. Los Aníbal Fernández y los Luis D’Elía están fuera de escenas y de las listas de candidatos. Mientras tanto, Máximo Kirchner endurece su discurso. La campaña de “purificación” de la postulante de Unidad Ciudadana. Preocupación en el Gobierno de Cambiemos, quien ya admite que marcha primera en todas las encuestas en la Provincia.
Ya todos saben que Cristina Kirchner es candidata. Ella y los medios ya lo anunciaron. Junto a Mauricio Macri, es la figura con mayor conocimiento público. Un alto porcentaje la rechaza. Y un alto porcentaje la acepta. Cristina sabe que no puede quebrar ninguna voluntad en el sector que la rechaza. En sus últimos movimientos de campaña, se enfoca en no descontar votos y, a su vez, que los dirigentes de su confianza salgan a buscar a los indecisos que no votarán por Cambiemos.
Pero no cualquier dirigente de su confianza está destinado a ese rol.
Los Aníbal Fernández, los Guillermo Moreno y los Luis D’Elía no forman parte de la campaña kirchnerista. Están fuera del mapa o no fueron sumados a Unidad Ciudadana y están compitiendo en listas separadas. Los Julio De Vido apenas aparecen en escena a causa de la presión del oficialismo.
Al igual que en 2007, Cristina eligió como compañero de fórmula a un dirigente “limpio” de causas por corrupción. Fue el radical conservador Julio Cobos. En 2011 el moderno economista Amado Boudou, que por aquel año todavía era ajeno al sinfín de causas penales que lo persiguen hoy. En este 2017, optó por un perfil similar: su excanciller Jorge Taiana.
En la actual campaña electoral Cristina amplificó una estrategia también desarrollada en aquellas campañas: el silencio. O, al menos, hablar lo menos posibles y no confrontar. Este martes incluso el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pidió que declarara sobre la situación en Venezuela.
Incluso el par de actos que encabezó Cristina en los últimos meses fueron cortos, lejos de los acostumbrados por cadena nacional. Utilizó un discurso con poco tecnicismo y sin contextualización. En pocas palabras, se podrían sintetizar en: “Estamos peor que en 2015” y “El salario dura menos”. Discursos semi-vacíos más acostumbrados a los dirigentes de Cambiemos. No solo copió eso y los escenarios en 360°, sino también las visitas fugaces a distintas casas y empresas, sin la previa información a los medios.
Tal es su silencio que Máximo Kirchner habló más durante la campaña que su propia madre. Históricamente, la ecuación fue inversa. Cristina se rodea de Taiana, de académicos, de “víctimas” del gobierno de Macri, pero no de los Aníbal Fernández.
Cambiemos, y sobre todo la gobernadora María Eugenia Vidal, quiere hacerla hablar, e incluso la invitan a debatir. Pero hasta ahora no lo lograron. En privado, los máximo referentes de Cambiemos admiten que marcha primera en casi todas las encuestas y que "confían en revertir esta situación en Octubre". El perverso riesgo de polarizar y perder...
