La traba burocrática viene de la mano de Cristina Fernández de Kirchner. Es un viejo reclamo de su época de presidenta que repitió en la campaña electoral, cuando pidió una ley para el «Nunca más de la deuda».
Horas despúes de que el ministro de Economía, Martín Guzmán presentara el proyecto para que el Congreso intervenga en las operaciones de crédito en moneda extranjera y en la negociación con el FMI, la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti le sumó otra restricción que no esperaba: agregó un artículo que prohíbe financiar gastos corrientes con deuda externa o desembolsos del FMI.
Tal condicionamiento le impediría a Guzmán un acuerdo de facilidades extendidas con el organismo, tal como pretende el Gobierno, que además de patear vencimientos le aporte dinero para los gastos diarios. Esto se suma a la presión que los senadores de Cristina le hicieron el sábado, a través de una carta, a la delegación que está en el país para negociar una restructuración del crédito otorgado a Mauricio Macri; pidieron saber si había cumplido con los requisitos de la carta orgánica.
La jugada fue de último momento refleja, una vez más, las falta de coordinación entre el Congreso y el Ejecutivo y la jugadas individuales de Cristina.
Aparte de los proyectos que presentó Guzmán y se están tratando en las comisiones correspondientes, la incorporación fue de último momento por la senadora kirchnerista: «La emisión de títulos públicos en moneda extranjera y bajo jurisdicción y legislación extranjera, así como los programas de financiamiento u operación de crédito púbico realizado por el FMI y eventuales ampliaciones de montos de esos programas no podrán tener como destino el financiamiento de gastos corrientes», indicaron.
Así las cosas, sigue los desencuentros entre el Ejecutivo y el Congreso, en este caso, un traba para el ministro Martín Guzmán.
