El último intento de una mesa política de unidad en Moreno, el pasado 9 de diciembre, dejó al descubierto las grietas insalvables entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof.
En el complejo entramado del peronismo bonaerense, las tensiones internas continúan marcando el rumbo político de los últimos meses y está plasmado en sus dirigentes a la hora de declarar. El encuentro de Moreno, organizado en un intento por construir una estrategia, no logró unir las posturas divergentes del cristinismo y el kicillofismo.
Para el cristinismo, liderado por La Cámpora, la mesa de Moreno representó una oportunidad para debatir cómo encarar políticamente la gestión de Javier Milei. Sin embargo, desde el kicillofismo se percibió como una maniobra que buscaba incomodar al gobernador y obligarlo a escuchar directrices de Cristina Fernández de Kirchner sobre el camino a seguir en la provincia.
Durante el encuentro, la ex mandataria fue tajante: las elecciones bonaerenses no deben desdoblarse y deben alinearse con las nacionales para potenciar el debate sobre el desempeño del presidente y consolidar una estrategia electoral unificada. No obstante, Kicillof, contrario a esta sugerencia, analiza desdoblar los comicios provinciales en caso de que el Congreso elimine las PASO, buscando separar su gestión de los conflictos nacionales.

Eduardo «Wado» de Pedro, uno de los interlocutores clave entre ambos sectores, intentó mediar en varias ocasiones, incluso a través de encuentros informales, pero sus esfuerzos tampoco prosperaron. Desde La Cámpora interpretan las actitudes del gobernador como una señal de confrontación y desafío al liderazgo de Cristina Kirchner.
Un funcionario camporista afirmó en diálogo con el portal Infobae: «Necesitamos un espacio para discutir las elecciones bonaerenses y superar las diferencias. Pero los intentos siempre chocaron con el rechazo del kicillofismo». En La Plata, sin embargo, aseguran que no hay interés en construir ese ámbito de diálogo, ya que consideran que las críticas de La Cámpora erosionaron la imagen del mandatario.
El gobernador busca ser la figura central del proceso electoral bonaerense, alejándose de la influencia de CFK y de las presiones del cristinismo en el conurbano. Mientras las tensiones persisten, el peronismo bonaerense enfrenta el desafío de evitar una fractura que podría afectar su desempeño electoral en un año clave.
