El escandalo del Olivos-Gate puso en duda la imagen del presidente y el futuro de la coalición gobernante con la clave puesta en lo que sucederá en las elecciones.
Desde que asumió, la imagen de Alberto Fernández estuvo sometida a una inestabilidad vertiginosa. Recesión económica, pandemia y un coalición lastimosamente heterogénea fueron un cóctel que instaló la aceptación del presidente ante la sociedad en una montaña rusa: de tener una aprobación de por encima del 60% cuando llegó el Covid-19 a una contundente imagen negativa del 67% después de conocerse el vacunatorio vip.
Desgastado por ese conjunto de variables que tantas dificultades les arrastró para gestionar, Alberto Fernández logró agarrar decididamente el timón en el armado electoral del oficialismo: puso a su candidata Victoria Tolosa Paz y mantuvo a Santiago Cafiero como jefe de gabinete, aguantando la presión del kirchnerismo y el massismo para que integre las nóminas en provincia y deje la jefatura de gabinete acéfala.
En rigor, el presidente demostró en las definiciones de las listas ser imprescindible en el Frente de Todos y hacer respetar su lugar y su espacio ante la presión de los mayores accionistas. Incluso, revivió el “albertismo”, algo que muchos se encargan de negar, mientras otros trabajan para materializar.
Todo esté capital político que supo capitalizar Alberto el 24 de julio fue tirado a la basura tras el Olivos-Gate: la imagen del presidente se derrumbó y dentro de la propia coalición expresaron, puertas adentro, su enojo por semejante descuido. Un error no forzado y una herida que aún sigue derramando sangre.
Según algunos sondeos que comenzaron a evaluar el impacto de las fotos del cumpleaños de Fabiola Yañes, el episodio afecta especialmente al votante blando, que en 2019 apostó por el centrismo que aportaba el candidato por sobre la radicalización kirchnerista. Es decir: el escándalo del Olivos-Gate golpea de lleno el aporte más importante que Alberto Fernández le daba a la coalición.
Obligados a reconfigurar una campaña para una elección que se lo descontaba como ganador, el oficialismo deberá repensar el rol del presidente en dicha tarea. Incluso el sello del FdT, el mejor candidato tal como señalaban en Casa Rosa, también puede verse dañado.
Esto, seguramente, y sobre todo en la provincia de Buenos Aires, le dará una mayor protagonismo a Cristina de Kirchner para al menos cuidar el piso alto que la vicepresidenta otorga. Así, Alberto Fernández entra en una encrucijada con resultados a futuros inexorablemente dañinos: si el oficialismo pierde, será sin duda el responsable mayor; si gana, habrá sido porque Cristina salió al rescate.
En paralelo se suma la imagen de la ex presidenta dirigiéndose al actual mandatario en un acto de campaña que para muchos fue leído como un tirón de oreja en público: “No te enojes, poné orden donde tengas que poner y metele para adelante”, fue el mensaje de Cristina luego de los fallidos pedidos de disculpa por parte de Alberto a la sociedad tras lo sucedido en Olivos.
Por eso, Alberto: tranquilo, poné orden en lo que tengas que poner orden, no te pongas nervioso, no te enojes y metele para adelante. pic.twitter.com/DLiEARSFOs
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) August 17, 2021
En consecuencia, Dos preguntas centrales de la actualidad política se profundizan como interrogantes complejos de despejar a corto plazo. ¿Tiene futuro el Frente de Todos? ¿Qué le deparará el destino a Alberto Fernández?
Estas elecciones de medio término no serán cruciales para estos signos de interrogación; pero su resultado, sí, abrirá un abanico de especulación.
