El FMI parece no confiar en Luis Caputo, lo que podría estar obstaculizando el avance de las negociaciones clave para el futuro económico del país. La reciente filtración de detalles sensibles y la falta de respaldo internacional complican aún más la relación del ministro con el organismo, mientras las tensiones internas dentro del gabinete crecen.
El gobierno de Javier Milei se encuentra en una encrucijada económica donde las promesas de estabilidad y crecimiento parecen más distantes que nunca. El ministro de Economía, Luis Caputo, ha sido el principal rostro de la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero su relación con el organismo internacional está marcada por una serie de tensiones que podrían estar complicando más de lo necesario la tan ansiada firma de un nuevo acuerdo.
Carlos Pagni, un periodista con años de trayectoria y experto en los movimientos políticos y económicos del país, ha señalado en diversas ocasiones que el FMI no ve con buenos ojos a Caputo. En su habitual editorial de los días lunes, Pagni destacó la preocupación del organismo por la actitud del ministro, que según fuentes cercanas al Fondo, no goza de la confianza plena de sus miembros. En un análisis reciente, Pagni remarcó: “Caputo está jugando un juego peligroso con el FMI. El ministro parece apostar a un anuncio apresurado, sin respaldo, y eso genera una enorme desconfianza”.
Esta falta de confianza parece tener un fundamento claro. La semana pasada, Caputo, en un evento en la Bolsa de Comercio, filtró detalles confidenciales sobre el posible otorgamiento de un crédito de 20 mil millones de dólares por parte del FMI. La reacción fue inmediata en Washington: al menos cinco directores del Board expresaron su malestar ante la divulgación de esa información, violando un pacto tácito con el organismo que prohíbe revelar detalles durante las negociaciones. Este episodio, según Pagni, refleja la falta de sintonía entre Caputo y el Fondo, y subraya un error estratégico de peso: “Cuando la relación ya está tensa, este tipo de filtraciones no hace más que agravar la situación”, indicó el periodista.
Pero no solo las filtraciones están complicando las cosas. El propio FMI ha sido claro en su postura. La directora gerente, Kristalina Georgieva, aunque mencionó que el pedido del gobierno argentino es “razonable” en cuanto a la posibilidad de un primer desembolso del 40%, también ha enfatizado la necesidad de cautela. La portavoz del FMI, Julie Kozack, fue aún más firme, desmintiendo a Caputo públicamente, aclarando que cualquier posible acuerdo se estructuraría en cuotas y que solo una parte de los fondos podría destinarse a intervenir en los mercados.
Por si fuera poco, dentro del propio gabinete de Milei se escuchan voces críticas que también ponen en duda la estrategia de Caputo. Federico Sturzenegger, actual ministro de Desregulación y Transformación del Estado, ha manifestado sus diferencias con el enfoque de Caputo, sugiriendo que el esquema de tipo de cambio atrasado y la represión financiera no son sostenibles a largo plazo. Según fuentes cercanas, Sturzenegger ha planteado la necesidad de levantar el cepo cambiario cuanto antes y avanzar hacia un esquema más flexible, alineado con las recomendaciones del FMI.
En este contexto, la pregunta clave es si Caputo podrá mantener el control de la negociación o si será desplazado por figuras dentro del propio gobierno o incluso del FMI. Los ruidos internos en la Casa Rosada, sumados a la resistencia externa, dificultan aún más la posibilidad de cerrar un acuerdo que el país necesita con urgencia. A esto se suma el hecho de que el FMI, tras la amarga experiencia con el gobierno de Macri, no está dispuesto a asumir riesgos sin garantías claras.
El presidente Milei, por su parte, parece estar atrapado entre las presiones internas y externas. Mientras Caputo intenta transmitir tranquilidad, las dudas crecen tanto en Washington como en Buenos Aires. Los mercados continúan fluctuando, las reservas se desploman, y los exportadores retienen divisas, lo que solo aumenta la incertidumbre. ¿Será el FMI el que se termine imponiendo en la figura de Sturzenegger o, peor aún, en otro economista que logre calmar las aguas internas y externas?
En este escenario, la figura de Luis Caputo se presenta como uno de los principales obstáculos para un acuerdo definitivo con el FMI. Si el ministro sigue sin lograr el respaldo internacional necesario y continúa tomando decisiones improvisadas, su permanencia en el puesto podría estar en peligro. La negociación con el Fondo no solo depende de las cifras, sino también de la confianza que el organismo deposita en sus interlocutores. Y, hoy por hoy, esa confianza parece estar lejos de alcanzarse.
