Sectores empresariales y financieros comenzaron a mirar al gobernador bonaerense como una alternativa moderada frente al derrumbe del plan de Milei, tras sus recientes gestos de pragmatismo en materia fiscal y con el FMI.
El mercado prácticamente ya le soltó la mano al plan económico de Javier Milei y, en consecuencia, también al establishment político de la Argentina. En ese marco, sectores empresariales y financieros comenzaron a mirar con ojos presidenciables al gobernador Axel Kicillof, quien propinó una paliza electoral a La Libertad Avanza y profundizó la crisis política que atraviesa el Gobierno nacional.
Desde esa lógica se explican las dos entrevistas que concedió el exministro de Economía durante el kirchnerismo a los principales medios hegemónicos: Clarín y La Nación. Allí, Kicillof hizo declaraciones que pueden leerse con pragmatismo, lejos de la melodía kirchnerista. Por ejemplo, planteó que defaultear la deuda con el FMI sería un error.
“Romper con el FMI me parece infantil”, sostuvo Kicillof el fin de semana en Clarín. Indicó que el país debe tener autocrítica y “proponer una solución” a sus compromisos de deuda.
[ECONOMÍA] «Romper con el FMI me parece infantil»: para Kicillof, Argentina tiene que hacer «autocrítica» y debe «proponer una solución» al pago de la deuda, que «a todas luces» es «impagable», y pidió «una discusión madura» con el organismo.
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Veinticuatro horas después, en el programa Odisea Argentina de La Nación, conducido por el periodista Carlos Pagni, Kicillof remarcó la importancia del orden fiscal. “Por supuesto que tiene que haber un orden fiscal”, señaló.
«Es cierto que tiene que haber orden fiscal»
Por: Axel Kicillof. pic.twitter.com/BUlndeY4YE
— Odisea Argentina (@OdiseaArgentina) September 16, 2025
Se trata de posturas que, a priori, difieren de la impronta de los dirigentes más cercanos a Cristina Kirchner, quienes plantean desconocer la deuda con el FMI y restan importancia a la necesidad de evitar el déficit fiscal.
En ese contexto, la apertura discursiva de Kicillof alimenta las especulaciones sobre su proyección nacional y lo ubica como un eventual interlocutor aceptable para el poder económico. La pregunta es si ese corrimiento hacia posiciones más moderadas le permitirá construir un liderazgo propio dentro del peronismo, tensionado entre La Cámpora y los gobernadores, y si el establishment está dispuesto a apostar por un dirigente que todavía carga con el sello kirchnerista.
