El organismo estaría contemplando la posibilidad de ofrecer recursos adicionales para facilitar la transición, aunque las negociaciones para un nuevo acuerdo aún están en curso. Por el momento, no se ha tomado ninguna medida con respecto a las restricciones que están afectando el funcionamiento habitual del mercado cambiario.
Las dificultades políticas que enfrenta la administración de Javier Milei han vuelto a ser una preocupación primordial para los inversionistas. Sin embargo, el equipo económico sigue comprometido con un plan definido, cuya próxima fase está programada para junio. Para ese momento, se espera que la economía haya alcanzado su punto más bajo y que las condiciones estén maduras para flexibilizar el control cambiario o al menos reducir algunas de las restricciones que aún persisten.
El próximo régimen cambiario que implementará el Gobierno es uno de los temas clave en las conversaciones futuras entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional, cuyas negociaciones comenzarán pronto. Tanto el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, como el Presidente, Javier Milei, han reconocido que estas negociaciones están en el horizonte cercano. Además, han insinuado la posibilidad de que el FMI proporcione fondos adicionales para facilitar la transición después de levantar los controles cambiarios.
Según fuentes gubernamentales, el FMI contempla que para mediados de año se den las condiciones adecuadas para poner fin al control cambiario. El Presidente ha admitido que para lograrlo, el Banco Central aún debe acumular más reservas, a pesar de haber adquirido más de USD 10.000 millones desde que asumió el cargo. Simultáneamente, el Banco Central ha implementado una significativa reducción de las tasas de interés, con el objetivo principal de mitigar los pasivos remunerados de la institución, lo que limita su crecimiento en comparación con la inflación.
Lo que aún no se ha definido, ya que es un tema que aún no ha sido exhaustivamente discutido, es cuál será el nuevo sistema cambiario que adoptará Argentina una vez levantado el cepo. Las especulaciones al respecto son diversas y abarcan diferentes posibilidades.
El Fondo Monetario Internacional ya ha expresado públicamente su preocupación sobre una posible polarización, como lo indicó la subdirectora gerente del organismo, Gita Gopinath, durante su reciente visita a Argentina. Ahora, el responsable del departamento occidental del Fondo, Rodrigo Valdés, también visitará el país para liderar las futuras negociaciones hacia un nuevo acuerdo.
Para muchos, la eliminación de las restricciones evoca lo ocurrido en 2015, cuando el gobierno de Mauricio Macri, prácticamente de la noche a la mañana, eliminó las limitaciones para operar en el mercado de divisas y permitió que el peso flotara libremente.
Sin embargo, ni a Milei ni a Caputo les convence aquella experiencia. Consideran que no hay garantía sobre la estabilidad futura del tipo de cambio, incluso si el Banco Central acumula muchas reservas y tiene poder de intervención para contener cualquier subida excesiva.
En el Gobierno, existe la preocupación de que sea una estrategia demasiado arriesgada, especialmente si el dólar se vuelve volátil. Esto se agrava en un contexto de cierta debilidad política como el actual, lo que aumenta las posibilidades de complicaciones.
Es así como surge la posibilidad de implementar algún régimen que permita limitar el comportamiento del dólar. Uno de ellos es conocido como «flotación sucia», que es utilizado por la mayoría de los países de la región. Bajo este sistema, el dólar fluctúa, pero el Banco Central también puede intervenir para evitar movimientos excesivos, ya sea comprando o vendiendo divisas. Por supuesto, esto requiere un nivel adecuado de reservas en el BCRA.
Otra alternativa es establecer un esquema de bandas cambiarias, que establece de manera explícita los niveles en los cuales el Banco Central puede intervenir comprando y vendiendo divisas. Este sistema se implementó por última vez en 2018, antes del acuerdo con el FMI, pero tuvo una duración limitada. Tras el acuerdo y el desembolso subsiguiente, el FMI exigió al Gobierno que permitiera que el tipo de cambio flotara libremente.
Otra alternativa es adoptar una especie de «neo convertibilidad«, es decir, un tipo de cambio fijo que eliminaría por completo las fluctuaciones cambiarias. Esto sería un paso previo a la dolarización, algo que no cuenta con el respaldo del Fondo Monetario Internacional. Milei reiteró que sigue en sus planes «la eliminación del Banco Central».
Ninguno de estos esquemas es incompatible con la «competencia de monedas» que se busca aplicar. En realidad, se trata de permitir que las transacciones se realicen de manera legal con el dólar o cualquier otra moneda elegida por las partes. Este modelo sería similar al de Perú o Uruguay, donde esta coexistencia es común. Sin embargo, en ambos países, la estabilidad ha llevado a que la gente prefiera utilizar la moneda local, en contraposición a la posible dolarización que propone Milei.
