El ex presidente también fue protagonista en un intento de magnicidio. Ocurrió luego de dejar la presidencia de forma anticipada en la década de los 90`.
En democracia y tras la ultima dictadura cívico militar del 76`el atentado a Cristina Kirchner no fue el primer acto contra un funcionario o un líder porlitico importante en donde se puesiera en riesgo la vida. Corria 1991, durante el gobierno de Carlos Menem, cuando a Raul Alfonsin intentaron asesinarlo durante un acto.
Raúl Alfonsín sabía que la Unión Cívica Radical tenía que recuperar terreno después de la entrega anticipada del poder tras las elecciones del 14 de mayo de 1989.
La inflación minorista de ese mes había llegado al 70%. El 13 de junio, tras puebladas y asaltos a supermercados, con 62 años y cinco años y medio en la Casa Rosada, el líder de Renovación y Cambio anunciaba la entrega anticipada del mando.
Días después, el 8 de julio, Carlos Saúl Menem asumió el Poder Ejecutivo.
Pasados algo más de 20 meses, y con las elecciones legislativas en la mira, Alfonsín salió de campaña. Una vez más a recorrer pueblos, como lo hacía desde hacía tres décadas.
El viernes 22 de febrero fue el turno de San Pedro, a menos de 200 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Hacía calor y la voz del ex presidente seguía despertando el fuego de los corazones de sus seguidores.
Al día siguiente, acompañado por una numerosa comitiva, Alfonsín recorrió los menos de 100 kilómetros que separan San Pedro de San Nicolás. Aunque el sábado 23 parecía distendido para el acto planeado en la esquina de Mitre y Urquiza, la noche sería mucho más complicada de lo esperado.
Allí esperaba Ismael Darío Abdalá quien meses atrás había comprado un revolver 32 largo, sin saber que el ex presidente iría a su pueblo. El agresor se había quedado sin trabajo luego de que la empresa estatal Somisa despidiera gran parte del personal por decisión del poder ejecutivo.
La plaza estaba colmada. Los organizadores cifraron en unos cinco mil los asistentes en una ciudad que por entonces tendría unos cien mil habitantes. Allí se encontraba Abdalá quien se logró acercar al palco, a tan solo unos 5 metros de Alfonsín.
Abdalá sacó su revólver, disparó, y la detonación tapó la voz de Alfonsín. Con el índice de su mano derecha, el muchacho apretó el gatillo, el percutor accionó sobre la munición y, sin embargo, el tambor no giró. La bala, esa noche, se quedó sin ir al blanco.
Dos hombres se le fueron encima a Abdalá. Uno de ellos fue Luis Moisés Gómez, militante radical y personal de Seguridad de Somisa, quien sí sacó su arma dispuesto a dispararle, per no alcanzó a hacerlo. Otro custodio de Alfonsín, Ricardo Raúl Róvere, terminó de reducirlo.
En medio de la confusión se creyó que Gómez –con su arma en alto– no intentaba impedir que Abdalá disparara otra vez sino que era su cómplice en el atentado. Fue acusado de intento de homicidio pero al poco tiempo el juez lo liberó de culpa y cargo.
