En el entorno de Kicillof aseguraron que la fecha de las elecciones bonaerenses ya quedó definida y no habrá cambios. Desde La Cámpora y el cristinismo duro acusaron a la dirigencia del mandatario de empujar una estrategia propia, con la excusa de liderar un armado amplio para enfrentar a Javier Milei y el PRO.
La interna peronista en la provincia de Buenos Aires sumó un nuevo capítulo esta semana, luego de que Axel Kicillof reafirmó su decisión de mantener desdobladas las elecciones provinciales, a pesar de las críticas cada vez más explícitas del sector que responde a Cristina Fernández de Kirchner. En ese entorno interpretaron que el gobernador no solo se niega a revisar el calendario, sino que además busca condicionar a la expresidenta y desarmar cualquier intento de acuerdo de unidad.
En el entorno de Kicillof aseguraron que la fecha de las elecciones bonaerenses ya quedó definida y no habrá cambios. «No existe ninguna posibilidad de que las elecciones sean concurrentes», insistieron. Incluso bromearon con la falta de presión real para modificar el decreto. Mientras tanto, desde La Cámpora y el cristinismo duro acusaron a la dirigencia del mandatario de empujar una estrategia propia, con la excusa de liderar un armado amplio para enfrentar a Javier Milei y el PRO.
El conflicto se volvió más visible luego de la última cumbre del PJ bonaerense, convocada de urgencia por Cristina. Allí, dirigentes cercanos como Teresa García, Agustín Rossi y Anabel Fernández Sagasti calificaron el desdoblamiento como un “error político” que debilita al peronismo. Aunque la expresidenta evitó nombrar directamente a Kicillof, su malestar fue evidente.
En La Plata replicaron con el lanzamiento del plenario del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), que Kicillof encabezará este sábado con intendentes, organizaciones sociales y gremios aliados. Para su círculo de confianza, ese espacio se convirtió en una plataforma de proyección política más allá del cargo. Sin embargo, desde el kirchnerismo cuestionaron el protagonismo que el gobernador intenta asumir. “Todavía falta un recorrido, pero si piensan que le van a poner condiciones a Cristina están equivocados”, afirmó un dirigente que participó del encuentro en el PJ.
El enojo aumentó tras declaraciones de Carlos Bianco y Andrés Larroque, dos funcionarios clave de Kicillof. En La Cámpora entendieron que buscan “boicotear” la unidad y que están dispuestos a perder con tal de avanzar con una estrategia sin Cristina. «Son el Movimiento Derecho al Abismo», ironizó un dirigente alineado con Máximo Kirchner.
Los roces no se limitaron al calendario electoral. También molestaron los comentarios sobre una eventual candidatura de Cristina en la Tercera sección. Bianco declaró que “primero hay que ver si Cristina quiere ser candidata” y que luego se deberían discutir las condiciones. Larroque agregó que su postulación “puede generar algún tipo de dificultad”. La respuesta no tardó en llegar: “¿Cómo va a ser un problema la candidatura de Cristina en la Tercera si es la mejor candidata que puede tener el peronismo para esa sección?”, retrucó un referente de La Cámpora.
En paralelo, crece la inquietud dentro del peronismo bonaerense por el avance del acuerdo entre La Libertad Avanza y el PRO en la provincia. Cristian Ritondo y Diego Santilli se sumaron al armado libertario, donde el color violeta ganó espacio sobre el amarillo. “A ella no le da lo mismo ganar o perder”, recordaron desde el cristinismo sobre la preocupación de Fernández de Kirchner frente a un posible escenario de doble derrota.
La expresidenta no estará en el acto de Kicillof. Optó por viajar a Corrientes, donde acompañará a Martín Ascúa, el intendente de Paso de los Libres. Esa decisión refleja un momento de distanciamiento visible. Desde el entorno del gobernador repiten que buscan “unidad sí, pero que no duela”. En el otro extremo, desde el sector que lidera Cristina sostienen que sin sus votos no hay futuro político para el peronismo. Por ahora, la posibilidad de una síntesis entre ambos parece cada vez más lejana.
