Construido para recibir eventos masivos, el subterráneo catarí es sin lugar a dudas uno de los mas modernos y lujosos del mundo.
Construido para dar transporte y conectar los principales puntos neurálgicos de la ciudad, el subterráneo de Doha llega con sus tres líneas (Roja, Verde, Dorada) a los ocho estadios donde se disputará el Mundial de Fútbol. Cinco de ellos tienen parada propia (Lusail, Khalifa, Ras Abu Aboud, Education City y Al Rayyan), y los otros tres estarán conectados con servicios de shuttle.
En la actualidad, el metro de Doha cuenta con 37 estaciones y una extensión total de 164 kilómetros. (A modo de comparación, la red de la ciudad de Buenos Aires, inaugurada en 1913, tiene 56,7 kilómetros más 7 del Premetro y consta de 108 estaciones). Fue inaugurado el 8 de mayo de 2019 -ocho años después de que se conociera que Qatar sería la sede del Mundial 2022- y su prueba piloto como infraestructura para eventos internacionales fue el Mundial de Atletismo de aquel año, disputado en el estadio internacional Khalifa (aunque la estación Al Aziziyah no llegó a estar en funcionamiento para conectarlo con el resto de la ciudad).

La construcción del sistema de transporte público subterráneo en la capital catarí responde más a la necesidad de recibir mega eventos deportivos y la gran cantidad de espectadores que estos movilizan, que a las demandas de los ciudadanos.
La línea Roja fue la primera en ser inaugurada, y recorre la ciudad de norte a sur. La estación Msheireb es el corazón del sistema de subterráneos y conecta con los otros dos ramales, las líneas Verde y Dorada. En su recorrido, también se aprecian las grandes diferencias sociales y económicas en el trazado urbano de Doha.
En los alrededores de Msheireb, de la terminal la de ómnibus Al Ghanim, y el primer anillo urbano que rodea el centro turístico de la ciudad, predominan las viviendas precarias sin las instalaciones sanitarias básicas, donde viven trabajadores de la construcción que cenan a la medianoche en la vereda sin siquiera haberse quitado la ropa de trabajo (que parece ser la única que tienen), y callejuelas que sirven de drenaje para las sobras de los locales de comida india y pakistaní.
Para el servicio estándar el viaje sencillo cuesta 0,55 dólares y el pase diario USD 1,65. Pero lo que más llama la atención es el pase Gold Club, que cuenta con butacas de lujo, con respaldo y apoyabrazos de cuero. Viajar “en primera” vale 2,75 dólares por un viaje simple y USD 8,24 el pase diario.
Las estaciones son modernas y espaciosas, no hay necesidad de apurarse ni apelotonarse en ninguna combinación. Saliendo por las escaleras mecánicas, el distrito norte de Doha ofrece un panorama similar. Las avenidas están siempre vacías, ni siquiera tienen veredas para caminarlas y es imposible encontrar un negocio o restaurant abierto una vez que oscurece.

