La Cámara de Diputados se enfrenta al desafío de aceptar o rechazar las modificaciones del Senado sobre la implementación de la boleta única. Mientras los grandes partidos buscan mantener la opción de «votar boleta completa», los bloques provinciales presionan por eliminarla. A pesar de las diferencias, otros cambios relacionados con el cronograma electoral y la autoridad de aplicación podrían ser aprobados sin conflicto.
La Cámara de Diputados ya cuenta oficialmente con la aprobación del Senado en relación a la reforma electoral que incorpora el uso de la boleta única. Desde este punto, la cámara revisora tiene la facultad de decidir si acepta o rechaza las modificaciones introducidas por el Senado.
De acuerdo con lo informado por fuentes parlamentarias, la cuestión de la boleta única fue uno de los temas centrales de discusión entre los legisladores oficialistas y sus aliados, quienes se reunieron el pasado lunes en la Casa Rosada.
Según los primeros sondeos, los bloques aliados al gobierno tienen la intención de mantener la versión original aprobada por Diputados, sin aceptar los cambios introducidos por el Senado, al menos en lo que respecta a la modalidad de votación.
El mayor punto de discordia radica en que la propuesta del Senado elimina la opción de seleccionar «votar boleta completa«. La aprobación inicial de Diputados incluía la posibilidad de marcar una casilla para votar toda la lista de candidatos (presidente, diputado, senador, gobernador, intendente), algo que generó descontento entre los partidos provinciales con fuerte representación en el Senado.
Formaciones políticas como Juntos Somos Río Negro, el Movimiento Popular Neuquino y Hacemos por Córdoba suelen dominar en las elecciones locales o nacionales de medio término, pero enfrentan dificultades cuando se trata de elecciones presidenciales. Al eliminar la opción de votar por lista completa, se obliga al elector a elegir cada categoría de manera individual, favoreciendo el corte de boleta.
No obstante, en la Cámara de Diputados, el peso de estos partidos provinciales es considerablemente menor, lo que favorece la postura de los grandes partidos mayoritarios, que se ven beneficiados por el «efecto arrastre«, que facilita el voto al candidato o partido más conocido de manera más sencilla.
«A nosotros no nos sirve«, comentó una diputada del PRO al ser consultada sobre el tema. La posibilidad de contar con un candidato fuerte que impulse a los demás resulta un incentivo clave para mantener esa opción en la boleta.
Por otro lado, en Juntos por el Cambio consideran que, incluso dentro del peronismo, habrá apoyo para la reforma en los términos aprobados por Diputados. Al PJ, como principal partido, le resulta ventajoso depender de una figura nacional que ayude a atraer votos hacia las categorías subnacionales, al menos en términos generales. Sin embargo, algunos sectores del peronismo ven con buenos ojos la posibilidad de desvincularse de la marca de Cristina, aprovechando la oportunidad de despegarse de su influencia.
Los restantes cambios introducidos por el Senado, como los plazos del cronograma electoral y la autoridad de aplicación, podrían ser aceptados sin mayores inconvenientes por los diputados.
