La Copa de Leche se instauró en Argentina en 1906. Consistía en una ración de leche, azúcar y bizcochos. En aquella época fue todo un avance. La asistencia alimentaria perseguía dos objetivos: combatir el ausentismo y el bajo rendimiento intelectual. Ahora nos topamos con la noticia de la posible suspensión del Servicio Alimentario Escolar bonaerense debido a la falta de pago por parte del Gobierno de la Provincia.
Por Guido Alvarado, Consejero Escolar San Isidro, UCR
La Copa de Leche se instauró en Argentina en 1906. Según algunas revistas de la época, la “Copa” consistía en una ración de leche, azúcar y bizcochos. Visto desde nuestro presente ese desayuno parece insuficiente para una de las comidas más importantes del día, pero en aquella época fue todo un avance. La asistencia alimentaria perseguía dos objetivos: combatir el ausentismo y el bajo rendimiento intelectual.
Más de 100 años después, el desayuno escolar en Argentina sigue siendo eso: una ración de leche y dos medialunas o el equivalente en pan, manteca y mermelada. Sin variación respecto a la cantidad y variedad de alimento, al contenido calórico o la propuesta nutricional.
Muchos estudios y evidencias disponibles permiten asegurar la importancia del desayuno no sólo en las actividades cotidianas del ámbito escolar sino en los efectos a largo plazo del hábito de no desayunar. Una insuficiente ingesta de alimentación equilibrada puede tener efectos a largo plazo en la disminución de la atención, la reducción de la memoria, dificultades en la fluidez verbal o reacciones ralentizadas de los niños en la escuela. Una dieta deficiente afecta la capacidad de aprendizaje, fundamentalmente cuando las exigencias escolares aumentan a partir de 4º grado.
Con esos antecedentes nos topamos con la noticia de la posible suspensión del Servicio Alimentario Escolar de la Provincia de Buenos Aires debido a la falta de pago por parte del Gobierno de la Provincia, según Héctor Acevedo, titular de la Asociación de Prestadores de Servicios a Comedores Escolares. El atraso en el pago a los proveedores alcanza los 150 días. Hablamos de unos 350 millones de pesos.
El arancel que la Dirección de Políticas Alimentarias paga por alumno es $ 4 para el almuerzo y $ 1,60 para el desayuno.
A modo de ejemplo vamos a transcribir el desayuno –según el menú oficial- para un niño de primaria: 200 cm3 de leche y 2 medialunas o 50 grs de pan con dulce/manteca/queso.
Ese desayuno cuesta $ 1,60. Si la leche sale $ 5 el litro y de cada litro salen 5 porciones, más de la mitad del arancel lo lleva la leche. Con los $ 0,60 restantes comen medialunas o el reemplazo.
Aplaudimos el trabajo que docentes, proveedores y Consejo Escolar hacen por los alumnos, ya que el valor del arancel está íntimamente ligado a los precios de los productos y es evidente que $1,60 atenta contra una nutrición de calidad, variedad y cantidad.
Se trata ni más ni menos que la salud de niños, niñas y adolescentes que ven como su dieta se ve afectada y empobrecida.
Se hace difícil de comprender el despilfarro de recursos en todos estos años. Mientras la Nación y la Provincia pelean por no decir nada nuevo, la escena se llena de malabaristas, de caníbales y de pomposas argumentaciones generacionales, todas vacías de energía y de imaginación, estimulando la disipación colectiva para aguantar lo máximo posible. Pero la bancarrota de Scioli es imposible de disimular.
Los desafíos están a la vista, las calamitosas aventuras del peronismo nos deja en un nuevo punto de partida y quien no es parte de la solución, es parte del problema.
Una educación mejor es posible y es necesaria. Cualquier otro desenlace sería suicida.
