¿Quién arma el equipo argentino? Decisiones compartidas entre Messi, Mascherano y Sampaoli. ¿O todo lo deciden los jugadores? El liderazgo silencioso. Argentina y Francia el sábado a las 11 horas.
Por: Fabián Spina
«Creo que los hombres necesitan tiranos. Lo lamentable es que no existan tiranos geniales.» Roberto Arlt
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«El Estado Soy yo», dijo Luis XIV hacia finales del siglo XVII, en pleno esplendor de Versalles, el mítico palacio francés, que él mismo mandó a construir durante su reinado.
No se sabe con certeza si el monarca pronunció esas palabras o fueron sus enemigos quienes se las adjudicaron, como símbolo de un absolutismo que transformó el arquetipo de la monarquía en toda Europa.
«El equipo lo armo yo», ¿habrá dicho Messi antes de Nigeria?, o en todo caso «¿nosotros?», refiriéndose a su círculo representado en Javier Mascherano como su cortesano y máximo general.
De esto tampoco tenemos certezas, aunque la foto de Masche y Sampaoli compartiendo anotaciones, o la imagen del DT informándole ¿o preguntándole? a Lio, en pleno partido, que pondría al Kun minutos antes de su ingreso, denotan indicios.
Francia fue faro de Occidente en muchos momentos de la historia del mundo. Acá, más cerquita, en el siglo XX, está el mayo del 68 y los llamados «Años locos»; En los años 20, en el barrio Montmartre, se consolidó una vanguardia que destiló arte, literatura y filosofía. Más atrás, el romanticismo de Rousseau en el 1700; y entre París y Versalles del 1600, además de Moliere y Rigaud, las fiestas desprejuiciadas y el consumo de drogas sociales, con polvitos que elevaban los deseos amatorios.
Pero la birome y el dulce de leche, y el Diego y el bondi y Lio Messi, y nuestro ego indomable, nos hacen sentir a los argentinos el irrefutable centro del planeta más allá de los tiempos. Los papeles que lo certifican los guarda mi vieja en el cajón de su mesita de luz, en una casita en el barrio de Haedo, por donde caminaba el capitán Beto del flaco Spinetta, más héroe y más romántico que cualquier pituco de la monarquía.
Difícil de entender la textura francesa, tan existencialista y sartreana, clamando igualdad de derechos y libertades, pero forjada en el absolutismo de Luis XIV y sus ancestros y descendientes.
Difícil de entender que el histrionismo argento tenga de héroe a un tipo introvertido y callado. Difícil de creer que a quien se le reclamaba liderazgo explícito y devolvía miradas al piso, de golpe, no solo se puso la cinta de capitán dentro del campo, sino que también lo corrió del timón al DT cuando vio que el barco se hundía, y se puso a dirigir la expedición en el más amplio de los sentidos.
Hasta hace pocas horas, pensar en Argentina pasando de ronda nos parecía apenas una ficción, ahora sabemos que la ficción se convertirá en párrafo de los libros de historia, con fecha y lugar:
Sábado, 30 de junio 2018, en Kazan, Rusia: Francia vs Argentina, octavos de final.
¿Serán Pogba y Griezmann los que volverán con gloria a Champs Elysees, o serán Messi y Mascherano los tiranos geniales de Roberto Arlt?
Hoy no lo sabemos.
Por lo pronto, prefiero soñar que el grito por el gol de Marcos Rojo, que hizo vibrar el cemento de Buenos Aires, hará latir más fuerte el corazón de los nuestros que los polvitos aspirados en los salones de Versalles.
