Aunque el Presidente electo expresó sus ideas de manera bastante clara durante la campaña, después de ganar en la segunda vuelta, surgió la incertidumbre sobre algunas de sus políticas. Movimientos sociales ya están en estado de alerta, a pesar de la afirmación del líder libertario de que no suprimirá la ayuda.
Desde que Javier Milei obtuvo la victoria en la segunda vuelta electoral, su discurso, que había ganado amplio respaldo social por su firmeza, experimentó cierta relativización, especialmente tras el inicio de la formación de su gabinete en colaboración con Mauricio Macri. Desde su círculo cercano, comenzaron a rechazar propuestas emblemáticas como la dolarización y el cierre del Banco Central, entre otras. No obstante, todos coincidieron en que los próximos meses serán desafiantes. Tanto el propio Presidente electo como Macri lo afirmaron.
En este contexto, resulta poco coherente considerar políticas como la supresión de la obra pública, con las consiguientes reducciones de personal, al tiempo que se mantiene intacta la asistencia social. Sin embargo, durante su gestión, Macri optó por «negociar» con los grupos piqueteros para evitar complicaciones. Fue una solución simple, no para resolver el problema, sino para garantizar su bienestar como líder ejecutivo. Aunque en principio Milei no buscaría seguir este enfoque, en caso de necesidad podría cambiar de postura para evitar complicaciones.
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Desde su círculo cercano afirman que los programas continuarán «temporalmente», pero que es necesario «desvincularse rápidamente» de ese sistema (aunque no se han proporcionado detalles adicionales).
Desde los movimientos piqueteros ya salieron a marcarle la cancha al próximo Gobierno y avisaron que no le será fácil ajustar los planes. El propio Eduardo Belliboni, referente del Polo Obrero y una de las caras más visibles de las últimas protestas en demanda de mayor asistencia, aseveró que espera que a Milei “le vaya mal”.
El próximo Gobierno tiene un margen de maniobra limitado, y el ajuste ocurrirá de todas formas (según lo confirmado por el propio mandatario electo). Ahora solo queda por determinar, en este período de confusión y tensiones internas, la magnitud y la dirección de dicho ajuste.
