Desde el comienzo de la gestión libertaria, el nosocomio infantil fue uno de los principales foco del ajuste del gobierno.
El principal centro pediátrico del país profundiza su crisis luego de un año marcado por la disputa de sus trabajadores con el Gobierno que recortó sistemáticamente el financiamiento al nosocomio. En este contexto, ATE denunció la rescisión de contratos de 70 técnicos y profesionales que cubrían guardias en sectores considerados críticos.
Según informó el secretario general de la Junta Interna de ATE Garrahan, Alejandro Lipcovich, “las autoridades del Hospital rescindieron unilateralmente 70 contratos de suplentes de guardia sin día fijo”. Se trata de trabajadores que cumplían funciones en horarios vespertinos y nocturnos, momentos en los que no hay personal de planta suficiente para cubrir esas tareas.
“La incertidumbre actual dejó descubiertas, por ejemplo, muchas guardias en el laboratorio de Microbiología. Esto implica que quedan muestras sin analizar por muchas horas, demorando decisiones clínicas de alto impacto, como determinar qué bacteria está afectando a un niño internado y qué medicación comenzar a administrar”, señaló.
Según informaron los trabajadores afectados se desempeñaban en distintos sectores, entre ellos laboratorio, pediatría y kinesiología. “En vez de regularizar esa situación, los funcionarios de Milei y Lugones rescinden todos los contratos y someten a trabajadores de la salud a la extorsión de transformarse en monotributistas o quedar en la calle”, afirmó.
Javier Milei vs. Garrahan
El conflicto entre el Gobierno nacional y el Hospital Garrahan se intensificó a partir de una fuerte disputa por la autonomía salarial y el control del gasto público. El punto de quiebre ocurrió cuando el Ministerio de Salud forzó la renuncia de todo el Consejo de Administración del hospital tras el otorgamiento de un bono de $500.000 a los trabajadores sin autorización previa del Ejecutivo. Desde entonces, la administración central ha mantenido una política de intervención y ajuste bajo la premisa de «déficit cero», lo que ha generado un clima de confrontación permanente con los gremios de salud.
Por su parte, los profesionales y técnicos del hospital denuncian un vaciamiento de la institución pediátrica debido a la pérdida del poder adquisitivo y la falta de inversión en insumos de alta complejidad. Advierten que la brecha salarial con el sector privado está provocando una histórica «fuga de cerebros», donde especialistas formados durante décadas abandonan el hospital público.
