El oficialismo logró frenar el debate sobre el polémico decreto que amplía los fondos reservados de la SIDE, a pesar del intento del pichettismo de forzar una sesión para discutirlo. En medio de denuncias por gastos sin control, la oposición se fractura y el gobierno intensifica la presión sobre los legisladores.
El pichettismo sufrió un duro revés en su intento de interrumpir la sesión del pasado miércoles, cuando buscaba forzar un cuarto intermedio con la esperanza de mantener la convocatoria prevista para el jueves, en la que se pretendía debatir el decreto que amplía los fondos reservados de la SIDE. Con una votación de 122 contra 115, la bancada Encuentro Federal (EF), liderada en esta iniciativa por Nicolás Massot, perdió la contienda. Minutos después, Massot se vio obligado a anunciar la postergación de la convocatoria, culpando a la «obstrucción» ejercida por el oficialismo y sus aliados.
El desenlace negativo para el pichettismo comenzó a vislumbrarse durante la reunión de Labor Parlamentaria. Allí, Miguel Pichetto defendió que el reglamento permitía interrumpir la sesión en curso mediante un cuarto intermedio hasta la semana siguiente, reabriendo el recinto al día siguiente con una nueva agenda. Sin embargo, Martín Menem, junto con el macrismo y los radicales, se opusieron firmemente a esta interpretación, dejando sin efecto la propuesta de Pichetto.
Luego del fallido intento de Massot, Maximiliano Ferraro, diputado de la Coalición Cívica y aliado del pichettismo, reclamó que se incorporara el decreto a la lista de temas en discusión. Aunque el pedido fue aceptado por el presidente del recinto y sometido a votación, solo 135 diputados apoyaron la iniciativa, mientras que 100 votaron en contra. Esto no alcanzó las tres cuartas partes necesarias para incluir el decreto en el temario, lo que significó un nuevo golpe para las aspiraciones del pichettismo.
Este resultado desmoralizó a gran parte del peronismo y del sector liderado por Pichetto, aunque algunos miembros de la UCR intentaron mantener el optimismo. Un diputado radical señaló que, a pesar de la derrota, «demostramos que con 135 votos podemos voltear el DNU», mientras que otro destacaba que 18 de los 34 radicales presentes habían apoyado el pedido de Ferraro, mostrando una división interna en su partido.
En paralelo, Ferraro realizó graves denuncias sobre el uso de los fondos reservados de la SIDE, que actualmente controla Santiago Caputo. Según el diputado lilito, la SIDE gasta 3 millones de dólares diarios en operaciones reservadas, sin ninguna autorización del Congreso y sin supervisión alguna, debido a que el gobierno bloquea la conformación de la Bicameral de Inteligencia, que debería auditar esos gastos. Ferraro reveló que Caputo ya ha gastado el 80% de los 100 mil millones de pesos que Javier Milei asignó a la SIDE mediante un decreto de necesidad y urgencia (DNU) aprobado apenas tres semanas atrás.
«Para operaciones de la SIDE, sí hay plata», ironizó Ferraro en su cuenta de Twitter, enfatizando que estos fondos se están utilizando «sin control ni justificación legal alguna, con absoluta discrecionalidad». El diputado calificó este gasto descontrolado como «peligroso e inmoral» y llamó a todos los bloques políticos del Congreso a actuar con urgencia para declarar la nulidad del DNU, advirtiendo que cualquier operación realizada bajo su amparo debería ser revertida.
Mientras tanto, desde La Libertad Avanza (LLA) se había anunciado el compromiso de conformar la Bicameral de Inteligencia, una demanda que también era respaldada por senadores aliados como Eduardo Vischi y Juan Carlos Romero. Estos senadores se reunieron con la vicepresidenta Victoria Villarruel y el vicejefe de Gabinete, Lisandro Catalán, el martes anterior a la sesión, buscando acelerar la conformación de la Bicameral.
A medida que avanzaba la semana, el gobierno intensificó su presión sobre los gobernadores provinciales, instándolos a persuadir a sus legisladores de no dar quórum a la sesión convocada por Massot. Según fuentes cercanas, las reuniones que mantuvieron Martín Menem con figuras como Raúl Jalil y Rogelio Frigerio cobraron un nuevo significado a la luz de estos acontecimientos. En algunos despachos se mencionaba que los diputados recibían llamados directos de sus jefes políticos provinciales, instándolos a alinearse con la estrategia del oficialismo.
En este contexto, observadores dentro del Congreso notaron un detalle llamativo: la convocatoria a la sesión no había sido firmada por Pichetto, sino por el legislador bahiense y otros colegas suyos. Esto generó suspicacias sobre la verdadera postura de Pichetto respecto al decreto de la SIDE. «Pichetto no está de acuerdo con voltear el decreto, pero respaldó a sus diputados«, explicó una fuente parlamentaria, sugiriendo que el líder peronista estaba jugando un delicado equilibrio entre sus convicciones y la presión de su bloque.
La sesión estuvo marcada por un ambiente de creciente tensión. Desde el inicio, el desorden generado por la conducción de Menem permitió que el peronismo presentara una serie de mociones de orden y pedidos de apartamiento del reglamento, buscando desestabilizar al oficialismo. Cerca de las 19 horas, cuando parecía que la situación se tornaría insostenible, Menem se vio obligado a llamar a un cuarto intermedio. Esta pausa fue una medida desesperada para evitar que Germán Martínez y el Frente de Izquierda (FIT) retiraran a sus diputados del recinto, lo que hubiera dejado a LLA sin quórum.
En medio de estas tensiones, el diputado Eduardo Toniolli presentó una cuestión de privilegio contra Menem, acusándolo de haber facilitado las condiciones para que un grupo de legisladores visitara a genocidas condenados en el penal de Ezeiza. Toniolli denunció que no se trataba de un «hecho aislado» y señaló a otros diputados, como Beltrán Benedit y Guillermo Montenegro, por haberse trasladado en un vehículo oficial a la unidad penal N° 34 en Campo de Mayo.
La situación se complicó aún más cuando surgieron rumores de que los fondos reservados de la SIDE podrían estar siendo utilizados para financiar las milicias digitales de Javier Milei en las redes sociales, así como para intentar cooptar medios y periodistas. Según se comentaba en los pasillos del Congreso, Santiago Caputo podría estar detrás de la posible compra de un canal de televisión. Además, se especulaba que Caputo había adquirido un sofisticado software israelí, obtenido en la India, que permite medir la «temperatura emocional» en las redes sociales, con el objetivo de optimizar las operaciones políticas en internet.
Al cierre de la jornada, la victoria del oficialismo parecía inevitable, dejando al pichettismo y sus aliados en una posición debilitada y con pocas esperanzas de revertir la situación. La presión sobre los gobernadores y el desorden en la sesión habían jugado a favor del gobierno, consolidando su control sobre la agenda legislativa y dejando al descubierto las fracturas internas de la oposición.
