La abogada María del Carmen Verdú, que representó al joven que desapareció en 1991 tras un recital de Los Redondos, se refirió al caso Carballo y afirmó que, seguramente, "la policía lo dejó tirado".
El sábado a la noche, Rubén Carballo fue con sus amigos a ver el recital de Viejas Locas en Vélez. Había sacado la entrada con dos meses de anticipación y la expectativa que tenía por ver en vivo -por primera vez- a la banda de rock liderada por Pity Álvarez era enorme: cuando el grupo se separó, en el 2000, él sólo tenía ocho años.
Antes del inicio del show, se produjeron graves incidentes entre los fans y la policía en las inmediaciones del estadio. En medio de los disturbios, Rubén perdió contacto con sus amigos y no volvieron a saber de él. El domingo apareció tirado, inconsciente, en un predio que se encuentra a cinco cuadras de la cancha. Lo internaron y está al borde de la muerte: sufrió una fractura de cráneo expuesta y está en coma.
La Correpi (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional) denuncia que se trata de un nuevo ‘caso Bulacio’. María del Carmen Verdú, abogada de la familia del joven asesinado en 1991 en un recital de Los Redondos, sentenció: “Cuando la policía vio cómo lo habían golpeado seguramente lo dejaron tirado. Todo el tiempo nos quieren hacer creer que son cosas del pasado, que ya no suceden”.
“Al leer los titulares de este caso, tranquilamente podrían ser los del día posterior a la detención de Walter. Ahora cobra importancia porque sucede en plena Capital Federal y con una banda de nombre, pero entre Bulacio y Rubén tenemos miles de casos similares”, indicó Verdú.
Las primeras versiones que entregó la policía señalan que Rubén cayó “desde siete metros mientras intentaba colarse”. El padre de la víctima desacreditó esa hipótesis y no dejó lugar a dudas: “Mi hijo estaba manchado de azul, por la pintura del camión hidrante. Tiene marcas de los palazos y de los perdigones de las balas de goma”.
Mientras se intenta reconstruir qué fue lo que le pasó, Rubén, a sus 17 años, se debate entre la vida y la muerte en la sala de un hospital. Las malas experiencias y las tragedias del pasado volvieron a ser ignoradas, una vez más, por quienes deberían brindar seguridad.

