Si bien el referente del sindicato del Peaje justificó su salida por los preocupantes índices de desempleo, pobreza e inflación, la falta de lugares que se le otorgó al moyanismo en el cierre de lista fueron cruciales para que termine de pegar el portazo y romper con el FdT.
Pasó algo desapercibido por el escándalo de las fotos en Olivos en los festejos del cumpleaños de la primera dama, pero la renuncia de Facundo Moyano a su banca de diputado y la ruptura con el Frente de Todos fue una de las noticias de la semana.
En su cuenta de Twitter, donde anunció su salida de la Cámara Baja, el referente del sindicato de Peaje expresó estar disconforme con el Gobierno en “un país que tiene un índice de pobreza de más del 40 por ciento y una informalidad laboral del 50%” y avisó que va a dar pelea por “pymes, comercios e industrias que generen empleo”.
Quiero compartir con ustedes mi decisión de dejar mi banca en la Cámara de @DiputadosAR. pic.twitter.com/xH4qfVmaIr
— Facundo Moyano (@Facundo_Moyano) August 12, 2021
Por supuesto, esto es política y en su descontento subyacen más acontecimientos de lo dicho burocráticamente. Si bien Facundo hizo su camino solo con el gremio recién mencionado y con su paso por el Frente Renovador y en su momento la cercanía con Sergio Massa, Facundo no deja de ser Moyano.
Allí pueden encontrarse algunos indicios que puedan argumentar el portazo de F.M más allá de las preocupantes variables económicas con las que convivimos los argentinos. Esto puede simplificarse en una frase que suele escupirse a una coalición tan heterogénea: “Promesa incumplidas”.
En este caso, el cierre de lista fue el escenario donde el FdT no pudo cumplir con el siempre temido y complejo moyanismo. “Pedimos 7 lugares en todo el país. ¿Cuántos nos dieron? Cero”, reclaman cerca del gremio de camioneros.
En contraposición, si se “pagó” con lugares a otros sindicalistas más cercanos al kirchnerismo como Sergio Palazzo (La Bancaria), la camporista Vanesa Siley (judiciales), Hugo Yasky (docentes) y Walter Correa (cuero).
Desde el oficialismo intentaron calmar el malestar con promesas a futuro: “No había margen, hubo que cumplir con todos y la idea es darles algo en el Ejecutivo”, deslizaron cerca de Alberto.
Incluso, el presidente Fernández se reunió con Hugo Moyano el domingo 8 de agosto. Allí intentó convencer al referente de Camioneros que su hijo no abandonara el Congreso, algo que ya parecía un hecho en las paredes de la Casa Rosada y que por eso no fue algo que sorprendió cuando se convirtió en noticia. Naturalmente, Alberto no pudo persuadir a Hugo ni siquiera prometiendo puestos en el Ejecutivo para más adelante. Tampoco alcanzó el comentario de “dirigente ejemplar” que tantos cuestionamientos le trajo al Jefe de Estado.
“Facundo hizo su propio camino pero no deja de ser Moyano y por supuesto que no toma una decisión de esta magnitud sin consultarle antes a Hugo”, señala un dirigente que conoce la intimidad de la familia.
En paralelo, el moyanismo apunta ahora a dominar la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), la organización que reúne a todos los gremios del sector y que el 7 de octubre debe ir a elecciones para renovar su conducción. El acuerdo se está tejiendo parece cercano a sellarse en la fecha señalada.
En rigor, la preocupación del oficialismo aumentará si Hugo Moyano avanza en una alianza con la Unión Ferroviaria y una eventual búsqueda de liderazgo en la CGT. El “dirigente ejemplar”, una vez más, vuelve a ser un dolor de cabeza para un Gobierno peronista.
