Las llamas avanzaron desde distintos frentes, rodearon la localidad y pusieron en riesgo a miles de vecinos. El incendio del Parque Nacional Los Alerces dejó a Cholila al borde del aislamiento y bajo una amenaza constante.
La localidad de Cholila atravesó jornadas de máxima tensión tras el avance del incendio forestal que afectó a la región cordillerana de Chubut. El fuego se acercó hasta quedar a pocos kilómetros del casco urbano y formó un cerco natural que encendió las alarmas en toda la comunidad. Las llamas alcanzaron alturas extremas y rodearon al pueblo desde distintos puntos, en un escenario que combinó viento, calor y sequía.
El siniestro destruyó más de 35 mil hectáreas de bosque nativo, matorrales y plantaciones. El frente ígneo se desplazó con rapidez y forzó a los vecinos a colaborar en tareas de emergencia. Durante varias horas, pobladores y brigadistas construyeron cortafuegos para frenar el avance. La velocidad del incendio superó los esfuerzos en varios tramos. “Hubo un rato en que no tuvimos nada que hacer”, expresó Oscar Cárdenas, vecino de la zona, al describir el momento más crítico.
Según datos oficiales, el incendio continuó activo en el sector de Villa Lago Rivadavia. El comportamiento del fuego resultó extremo por ráfagas de viento que alcanzaron los 50 kilómetros por hora. Esa situación generó focos secundarios y limitó el trabajo aéreo. Aunque un cambio de viento alejó de forma momentánea las llamas de Cholila, el riesgo no cedió y el fuego avanzó hacia otros sectores de la cordillera.
La localidad quedó expuesta a dos frentes simultáneos. El fuego avanzó desde el noroeste y desde áreas cercanas a lagos nacionales. Cholila quedó prácticamente rodeada, con peligro de aislamiento. Las autoridades dispusieron el corte total de la Ruta Provincial 71 y evaluaron evacuaciones preventivas en parajes cercanos.
La periodista Cuki Lacalle describió el recorrido del incendio y su impacto directo sobre la comunidad. “El fuego arrancó en El Hoyo, atravesó Epuyén y está más o menos contenido, pero ahora se pasó a la localidad de Cholila”, señaló. También explicó la complejidad del territorio afectado. “Una comunidad de más o menos 5000 habitantes separada por una montaña, el fuego cruzó el cerro y linda por el otro lado con lagos nacionales que también se están incendiando”, afirmó. Sobre la magnitud del avance, agregó que ambos focos “se unieron en Villa Lago Rivadavia, donde todo se quemó, y el fuego fue avanzando de noroeste a sudeste rodeando el pueblo, que quedó prácticamente cercado”.
Las condiciones climáticas profundizaron el riesgo. El viento y las altas temperaturas complicaron las tareas de contención. “El gran enemigo que tenemos, más allá de la sequía, es el viento y el calor; el jueves se esperan 36 grados, y el viento cambia de dirección y lleva el incendio hacia distintos sectores”, advirtió Lacalle. A ese cuadro se sumó la falta de agua. “Bajaron las napas y los ríos y no hay mucha agua”, explicó, con impacto directo sobre la fauna y la producción. “Hay muchos animales silvestres y caballos que han muerto y las pérdidas son enormes”, sostuvo.
En medio de la emergencia, creció el malestar social por la respuesta estatal. “Las autoridades nacionales y provinciales muestran una gran pasividad, no hay comida para los brigadistas y hay algunos heridos; los únicos que ayudan a los brigadistas son los voluntarios y vecinos, hay un gran vacío del Estado”, denunció. También alertó sobre las consecuencias sanitarias. “El humo contamina, los animales mueren asfixiados y las personas se intoxican”, dijo, y reclamó una investigación. “Un delito federal que hay que investigar, cómo se destinaron los recursos y cuál fue el plan de acción para enfrentar el fuego”.
Sin pronóstico de lluvias y con un verano marcado por la falta de nieve, la incertidumbre se mantuvo sobre Cholila. El pueblo quedó en el centro de un incendio que lo rodeó y puso a prueba a toda la comunidad, en un contexto de angustia, desgaste y fuerte cuestionamiento político.
