Bullrich no mostró entusiasmo por ingresar al Congreso en el pasado, pero esta vez observó un contexto distinto. Su entorno consideró que su postulación serviría para consolidar el espacio en la Ciudad, donde el PRO aún conserva una base electoral considerable.
A veinte días del cierre de listas para las elecciones legislativas de octubre, el oficialismo afinó los últimos detalles de su armado nacional. En ese esquema, la Ciudad de Buenos Aires quedó bajo una lupa especial. Allí, el oficialismo libertario buscará consolidar el respaldo que obtuvo en los comicios locales de mayo, donde Manuel Adorni lideró la elección con el 30% de los votos.
En ese marco, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, surgió como la figura elegida para encabezar la lista de senadores en el distrito. Su posible desembarco en el Congreso no solo reflejó un intento por ampliar el poder legislativo del oficialismo, sino también una jugada que podría reordenar el tablero interno de La Libertad Avanza.
La propia ministra construyó un perfil fuerte en el gabinete. Sus niveles de imagen positiva y su visibilidad pública la posicionaron como un activo central para Javier Milei. Su candidatura al Senado porteño permitiría disputar un bastión clave del PRO y, al mismo tiempo, equilibrar las tensiones con la actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, en el corazón del Congreso.
Las señales internas no dejaron lugar a dudas. La foto de Bullrich junto al Presidente en Olivos, el pasado 13 de julio, disparó versiones que luego tomaron forma. «Está avanzada la candidatura de Patricia», aseguraron desde su entorno. Y agregaron: «Ha sido tal el embate que ha tenido el Senado en el último tiempo que la necesitan ahí».
Durante las últimas semanas, el Senado giró al Ejecutivo varias leyes que pusieron en jaque el rumbo económico. La vicepresidenta no logró frenarlas. Frente a ese escenario, el oficialismo apostó por reforzar su presencia en la Cámara alta.
Bullrich no mostró entusiasmo por ingresar al Congreso en el pasado, pero esta vez observó un contexto distinto. Su entorno consideró que su postulación serviría para consolidar el espacio en la Ciudad, donde el PRO aún conserva una base electoral considerable. Aunque ella reiteró que se sentía cómoda al frente del Ministerio de Seguridad, no descartó aceptar la postulación.
En el esquema libertario también se impuso la impronta de Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia dejó trascender que su intención era armar una lista puramente propia en la Ciudad, sin incorporar nombres del PRO. Esa estrategia ya se vio en mayo, con la postulación de Pilar Ramírez y la posterior candidatura de Adorni.
La inclusión de Bullrich, sin embargo, no alteraría esa lógica. Su desembarco le permitiría al oficialismo garantizar una banca, probablemente el liderazgo del bloque y una presencia firme frente a Villarruel, con quien Milei rompió todo vínculo político. En el acto de La Rural, el Presidente apuntó directamente contra la vice. La acusó de utilizar los viáticos “para salir de paseo” o “para la rosca”, y en una entrevista posterior, afirmó que deseaba su “destierro”.
La posible llegada de Bullrich al Senado también dejó abierta otra hipótesis: su proyección como compañera de fórmula en 2027. En privado, ella evitó hablar del futuro. Alegó que proyectar a largo plazo sería un error. Sin embargo, sus allegados deslizaron que ese rol sería más compatible con su perfil que una eventual candidatura a jefa de Gobierno porteña.
En la interna del oficialismo, Adorni también apareció como un posible aspirante a la Ciudad. Bullrich, por su parte, evitó involucrarse en esa disputa. Su decisión de apoyar a Milei después de la primera vuelta de 2023 y su rol como puente con Mauricio Macri tras las elecciones generales fortalecieron su vínculo con el Presidente.
Desde entonces, la ministra construyó una estructura propia en Capital y en varios puntos del país. A lo largo de su carrera, siempre se consideró una dirigente de alcance nacional. Por eso, no buscó protagonismo en elecciones distritales. Sin embargo, la coyuntura actual la llevó a reconsiderar sus pasos.
En el entorno presidencial destacaron su fidelidad. Aunque ella misma reconoció que no integraba el núcleo duro de decisiones —el llamado «Triángulo de Hierro»—, su presencia en el Gobierno respondió a una estrategia clara. A los 69 años, con más de cinco décadas en la política nacional, Bullrich apuntó a cerrar su carrera cerca del máximo poder institucional. Su frustrada candidatura presidencial en 2023 no apagó esa ambición. Al contrario, consolidó una hoja de ruta que ahora la acerca, una vez más, al centro de la escena.
