En su año de “normalización”, el Partido Justicialista pareciera ser más que “una sede cerrada”, como la definieron miembros de la Mesa de Unidad local. Aunque su funcionamiento orgánico a futuro es una incógnita, la importancia que Néstor Kirchner da a su composición habla de su peso concreto como factor de poder.
Francisco Gutiérrez conserva el discurso sereno y en cierto tono ideológico propio de la época, pero tuvo que soportar grandes contratiempos en los últimos meses. El sacudón que produjo la reforma tributaria impulsada por el secretario Tózzola –a quien un concejal llamó “el Moreno de Quilmes”- abrió un principio de cisma con el ARI, hasta hoy su punto de apoyo más confiable. Trabados los planes recaudatorios, insistió en afianzarse conquistando la conducción del PJ local, cargo que Kirchner reserva a los que ganan, y eventualmente a los que controlan el territorio.
La crisis financiera, y el aumento de las críticas al estilo con que se encaró la estrategia de reforma urgente, dejaron lugar a diálogos con el oficialismo nacional, matizados por mensajes conciliatorios de los propios aliados de la Mesa de Unidad, que poco tiempo atrás asentían mientras Gutiérrez aseguraba que “el límite de las alianzas es Aníbal Fernández”.
Se produjo además el “efecto Molina”. El pragmático presidente del Concejo Deliberante tuvo, además de problemas de salud, gestos que bastan para señalar sus distancias con algún sector del Ejecutivo: una renuncia a su cargo y una reunión con Aníbal Fernández; ambas, al parecer, sin consultar al intendente al que acompañó en la fórmula electoral.
Ya se hablaba de acuerdos con Aníbal Fernández, en forma de repartos de cargos partidarios o pactos de no agresión en el recinto legislativo, pero fue el mismo Gutiérrez quien salió a reiterar la imposibilidad de convivir con un referente de un sector que identificó como el residuo “duhaldista” o “menemista” dentro del kirchnerismo que también lo a él abarca.
El anibalismo-villordismo se mantiene intransigente como oposición en el cuerpo deliberativo, más allá de las indicaciones de Néstor Kirchner respecto a que el Frente Para la Victoria se encolumne en los distritos. Y la cabeza del cuerpo sigue vacante. El renunciante Molina pareció impulsar al macrista José Salustio, y luego al gurzista Gustavo Filareti –el que más sonó en los medios-, pero las reuniones “informales” sostenidas entre los ediles arrojaron conclusiones como “ya no hay un candidato previsible”. Filareti habría sido visto junto a Miranda y Posch, reunidos discretamente. Pero no con muchos más: al parecer, tampoco él es el candidato cantado que los medios sugerían.
Por el momento, el presidente es Alberto De Fazio, como corresponde por reglamento. La oficialista Luján Debroca se niega a hacer especulaciones con respecto al lugar vacante y afirma que es posible “pulir un equilibrio” en el recinto, pero con “fundamentaciones válidas y firmes”.
La reforma fiscal se transformaría en una más moderada suba de tasas, que el concejal Mario Sahagún, de la Coalición Cívica (que la respalda, presenta como una “tercera posición”, sin ánimo de juegos retóricos, por tratarse de un apoyo medido a la actualización de las tasas, lejos de una postura de “oposición petardista” como se los ha acusado.
Ya asoma un año electoral y se prevén distancias mayores entre el ARI y el kirchnerismo local. El bloque Unión Celeste y Blanco también podría aumentar su rol opositor. En ese marco, los apoyos con que cuenta el “Barba” se podrán reconfigurar.
Mientras tanto, la lista local que compite con Gutiérrez en el PJ, está encabezada por el carpero Yiyo Fiezzi –aquél que alquiló carpas frente al Congreso durante el conflicto con el campo; en un medio se lo señala como proveniente “de la corriente conducida por el ex carapintada Aldo Rico”)-, pero no levanta vuelo. Hasta los propios sugieren que es una lista “para molestar”. El “Barba” enfrentó un conflicto por su poco tiempo de pertenencia partidaria, explotada por sus adversarios para negarle la candidatura. Podría parecer atendible, pero el justicialismo fue un partido intervenido por la Justicia, y recién atraviesa su primer año de “normalización”.
En el día de los trabajadores municipales, el intendente agregó leña a la disputa del PJ: “Nos trataron de meter presos por dar un aumento a los trabajadores, y después dicen que son peronistas”, expresó.
Por Ariel Kocik

