Tenía 30 años de servicio y había pedido no jubilarse. Esta mañana fue asesinado de tres balazos a quemarropa cuando intentó frustrar un asalto. Los vecinos lo apreciaban y organizaron una misa en su memoria. La Policía ya comenzó la búsqueda de los culpables.
El policía Aldo Garrido tenía 62 años. Pasadas las 9 de hoy, advirtió maniobras extrañas en un local de ropa ubicado en Chacabuco al 300 –e Ituzaingó-. Decidió entrar a ver qué ocurría. Allí encontró que las empleadas habían sido reducidas por una pareja de ladrones.
El efectivo intentó impedir el robo, pero el hombre y la mujer lograron quitarle el arma y lo fusilaron de "tres disparos a quemarropa", informó el jefe de la Policía Bonaerense, Daniel Salcedo. "Fue un brutal homicidio, salvaje y cobarde", sentenció.
Fatal juego del destino, Garrido llevaba exactamente la mitad de su vida al servicio de la fuerza, y ya contaba con los años necesarios para jubilarse. Sin embargo, había pedido seguir trabajando. Justo ayer, mientras patrullaba bajo la lluvia las calles del barrio, le habían confirmado que su reclamo había sido aceptado y que seguiría poniéndose el uniforme día a día. "No faltaba nunca, era un policía antiguo, el de la esquina ", se lamentó Luis Cayuela, del Departamento Judicial de San Isidro, quien fue el encargado de comunicarle la noticia. "Me dio un abrazo y siguió caminando", recordó. Consternado, concluyó: "Era utilísimo a la sociedad y muy querido".
Los vecinos corroboraron sus palabras. Conmocionados por el fatal desenlace, muchos se juntaron en el lugar donde el hombre fue asesinado. "Desde que soy chiquita él estaba aquí. No había una sola vez que no saludara, era un señor re amoroso, es una tristeza, todo el mundo lo amaba, es una pérdida de verdad", sostuvo una mujer del barrio, mientras repartía cintas negras en señal de luto. "Él no era un simple policía, era la imagen de 'el policía' de la esquina, el que saludábamos todos", describió otra. Para esta tarde, están organizando una misa de homenaje en la catedral de San Isidro.
Personal de la comisaría 1ª –donde se desempeñaba Garrido- lanzó un operativo para dar con los delincuentes que, tras el asesinato, escaparon.

