El país cayó al puesto 98 en el informe de Reporteros Sin Fronteras. El documento marcó un escenario de tensión con el Gobierno y ubicó a nivel global el peor registro en 25 años.
Argentina registró un retroceso fuerte en materia de libertad de prensa. El último informe de Reporteros Sin Fronteras ubicó al país en el puesto 98, once escalones por debajo de la posición que ocupó el año anterior. El dato reflejó un deterioro acelerado dentro de un contexto internacional crítico.
El relevamiento incluyó a 180 países y expuso un panorama adverso. Más de la mitad de las naciones quedaron en categorías consideradas “difíciles” o “muy graves”, lo que configuró el peor escenario en un cuarto de siglo. El informe señaló que el problema se extendió incluso a sistemas democráticos consolidados.
En el caso argentino, el documento puso el foco en el vínculo entre el Gobierno de Javier Milei y los medios de comunicación. Según la organización, «las injurias, la difamación y las amenazas por parte de la administración de Javier Milei hacia los periodistas y los medios críticos son una constante desde su llegada al poder». Esa evaluación marcó uno de los ejes centrales del diagnóstico.
El reporte también advirtió sobre factores estructurales que agravaron la situación. «A ello se suman políticas que agravan tendencias ya existentes anteriormente, como la fuerte concentración de los medios y la opacidad de su propiedad, así como la precarización del oficio de periodista», indicaron desde la entidad.
El retroceso coincidió con decisiones recientes del Ejecutivo que generaron rechazo en el ámbito periodístico. El cierre del acceso a la prensa acreditada en la Casa Rosada, bajo el argumento de razones de seguridad, sumó críticas y reforzó el clima de confrontación.
A nivel regional, América Latina mostró una tendencia similar. El informe describió un escenario atravesado por la violencia, la presión política y la criminalización del trabajo periodístico. Sin embargo, el caso argentino destacó por la rapidez del deterioro y por el impacto de la disputa pública entre el Gobierno y los medios.
En el plano global, el documento atribuyó la caída general a la expansión de marcos legales restrictivos y al avance de prácticas que limitaron el acceso a la información. En ese contexto, la situación de Argentina apareció como un ejemplo concreto de un fenómeno más amplio.
El dato dejó una señal política clara: la libertad de prensa retrocedió en el mundo, pero en Argentina el deterioro tomó velocidad y se expresó en un conflicto directo entre el poder y el periodismo.
